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Sine SoleHorarios difíciles de compatibilizar, distancias largas, exceso de trabajo… ¡Stop! El verano ofrece a las familias la oportunidad de hacer planes juntos y aprovechar para conocerse y tratarse más, pero ¿qué hacer con tanto tiempo libre?

Gloria Gratacós, experta en educación y madre de varios hijos, sugiere ocho claves para aprovechar mejor el verano en familia.
 
1. Flexibilidad dentro de un orden: Aunque estemos de vacaciones, es importante no perder del todo los hábitos adquiridos durante el invierno. Para eso, establece un horario, pero con flexibilidad y margen: estamos en una nueva situación, en otro contexto.
 
2. Hacer actividades en familia y salidas culturales: Aunque cada uno tendrá sus gustos y sus planes, es importante encontrar tiempo para hacer cosas todos juntos: cocinar, pasear, ir en bici, hacer excursiones, visitar nuestra ciudad… Educar el gusto de los más pequeños no tiene por qué ser aburrido si se elige y se prepara bien: estudia las posibilidades culturales de tu zona y visitad algunos museos, monumentos o exposiciones.
 
Te puede interesar: Artículo en dos entregas, en los que se abordan algunas cuestiones en torno a la fatiga y el descanso: 'Sine sole sileo': cansancio y descanso  y El alma baila: cansancio y descanso .
 
3. Gratitud: el ambiente relajado del verano es perfecto para impulsar el agradecimiento, que a veces con las prisas queda un poco en el olvido. Saber dar las gracias a los demás por los detalles, por los planes o por haberlo pasado bien juntos. Dar gracias a Dios por pasarlo bien y estar juntos.
 
4. Disfrutar de pequeñas cosas: El plan perfecto no tiene por qué ser caro o extravagante. Hay que enseñar desde niños a disfrutar con las cosas pequeñas como, por ejemplo, ver una puesta de sol, tomar un helado, etc.
 
5. Abrirse a los demás: Estar todo el día nosotros con nosotros mismos puede resultar poco enriquecedor. El verano es la época perfecta para abrirnos a los demás: ve por delante invitando a tus amigos a casa y enseña a tus hijos a hacer lo mismo.
Claves Verano
 
6. Tiempo para leer: La lectura es un viaje gratis que alimenta las neuronas de grandes y pequeños: novelas de aventuras, biografías, cuentos… Busca una biblioteca cercana y ¡a elegir!
 
7. Visitar a los demás: Durante el curso, bien por tiempo o por distancias, a veces es difícil visitar a la familia: abuelos, primos, tíos… Además, también pueden hacerse visitas a personas enfermas o más necesitadas.
 
8. Idiomas: Deja de lado los formatos más académicos y acostumbra a toda la familia a ver series o películas en versión original, ¡a ver quién entiende antes!
 
 
(Artículo publicado originalmente en la web del Opus Dei en 2017).
 

Mariloli y FernandoFernando es policía local en un pueblo andaluz. Reavivó su fe gracias al ejemplo de Mariloli, su mujer. Más tarde, la lectura de 'Camino' reimpulsó su vida cristiana y, agradecido, promovió la entronización de una reliquia de san Josemaría en la iglesia principal de su pueblo.

“Hice la primera comunión y no pisé más una iglesia”, nos cuenta Fernando entretanto nos presenta en una plaza del municipio de La Carlota (Córdoba) a su familia: a su mujer Mariloli y a sus seis hijos, dos de los cuales están en el Seminario Menor de Córdoba.
 
“Con 16 años conocí a la que es mi mujer, Mariloli, y no quería perderla porque la verdad es que estaba muy enamorado de ella: tanto, que comencé a ir los domingos a misa con ella sin saber ni lo que había que hacer; pero bueno, si la gente se ponía de pie, yo seguía su ejemplo y me ponía de pie; de rodillas, pues yo también de rodillas”.
 
Mariloli siempre le dice que hay que dar gracias a Dios “por tener la familia que tenemos, y porque los dos estamos juntos en una misma dirección y así tratamos de hacérselo ver a nuestros hijos: la fortuna que tenemos es que el Señor está con nosotros”.
 
“Querría hacer más”
 
Muy joven, con 22 años, Fernando comenzó las pruebas como policía local en un pueblecito de Córdoba. Entonces y ahora, entre los cometidos que tiene como agente de vigilancia y custodia, todos los días ve muchas situaciones difíciles: maltrato dentro de las familias, el drama de la adicción a la droga entre gente muy joven, la soledad de muchas personas mayores que además apenas se valen por sí mismos…
 
“Muchas veces –explica Fernando– ante todas esas situaciones, querría hacer más y no puedo. Pero si no llego con mis fuerzas trato de llegar con la oración; procuro ver en cada persona a un hijo de Dios; pienso que Jesús derramó su sangre por cada uno de nosotros; y de esta forma alimento la esperanza”.
  
“Cada frase de san Josemaría estaba escrita para mí”
 
Fernando nos cuenta que “este enfoque vital lo he aprendido en la Obra”. Conoció a una persona que había estudiado en el Centro de Promoción Rural Torrealba y le habló de pasada de Camino y del Opus Dei; y él buscó por su cuenta en Internet. “Busqué qué era Camino, y al leerlo me di cuenta de que cada frase de san Josemaría estaba escrita para mí y me movía interiormente”.
 
El impacto que produjo en su vida, en la manera de vivir con su familia, en el modo de enfocar su trabajo, hizo que creciera su devoción por san Josemaría. Y hasta tal punto que promovió, junto con otros feligreses, la entronización de una reliquia del fundador del Opus Dei en la parroquia de la Inmaculada Concepción de La Carlota.
 
“Realmente, primero fue el cuadro: una lámina del retrato de san Josemaría, al que contribuí, junto con otras personas y el apoyo del párroco, para agradecer mi conversión. Y dos años más tarde, un seminarista me dijo que lo que haría falta en poner una reliquia. Y aquí está, para veneración de tantos y tantos fieles: para que Dios les ayude por su intercesión, como hizo conmigo”.

TiagoNacido en Porto de Mós (Leiría), Tiago es un apasionado del automovilismo. Después de muchos años alejado de Dios, asistió a clases de fe católica en un centro del Opus Dei en Oporto. Y Dios entró en su vida a gran velocidad un día en Fátima.

Desde pequeño le ha gustado conducir y el mundo del motor siempre le ha fascinado. Tiago tiene ahora 40 años y conduce en su tiempo libre un pequeño Mini de competición, una máquina bien preparada. El pequeño coche de competición ya ha ayudado a este ingeniero a conseguir varias victorias en competiciones de coches clásicos.
 
La pasión por las cuatro ruedas se intensificó en Oporto, donde estudió Ingeniería Mecánica en la FEUP. Guarda buenos recuerdos de aquellos tiempos. Recuerda un hecho que nunca olvidó: “Mi abuelo murió cuando yo tenía 20 años y estudiaba en Oporto. Eso me hizo preguntarme: ¿a dónde vamos... qué es esto?”.
 
Su relación con Dios era inexistente. Aunque vivía cerca del Santuario de Fátima, veía a los creyentes “como gente aburrida, que seguía reglas, que no era libre, que tenía esa fe y esas prácticas por miedo". Yo veía todo eso de forma reductora y equivocada”.
 
 
"¿Qué es lo que impulsa a toda esta gente?"
 
En aquellos años, un buen amigo me habló de ir a un centro del Opus Dei en Oporto. No tenía especial interés en ir, también porque no sabía qué era aquello. “Ese amigo mío acabó muriendo en un accidente de coche ese verano. Poco después acabé yendo solo a llamar a la puerta de ese centro, porque le tenía mucho cariño a ese amigo”, cuenta.
 
“Tuve la oportunidad de asistir a un curso de doctrina católica -relata Tiago-, algo nuevo para mí. Fue deslumbrante. En ese momento tenía una novia. Fue un noviazgo súper interesante, éramos muy buenos amigos. Y fue ella quien me ayudó a descubrir la belleza de la fe. Recuerdo que ambos fuimos a Fátima, un lugar que apenas había visitado. Me conmovió profundamente. Al ver a toda esa gente en torno a una imagen y un ambiente de gran paz, me vino esta pregunta a la cabeza: ¿qué es lo que mueve a toda esa gente?”.
 
Toda la vida adquiere un espléndido brillo
 
Más tarde Tiago descubrió su vocación al Opus Dei como numerario. Así explica la belleza del celibato y de la entrega a Dios en medio del mundo: “Descubrí un disfrute muy especial en los momentos de oración, notaba cómo mi alma se acercaba a Dios. Y empecé a ver cómo ese amor por otra persona -que no era un obstáculo-, en mi caso tomaba una forma diferente, pues no lo necesitaba para esta felicidad que estaba descubriendo, que estaba tomando forma en mí”.
 
“Y el paso, al aceptar la llamada de Dios, me llevó a exclamar: ¡Vaya... esto es realmente amor! ¡Toda la vida adquiere un brillo esplendoroso, en todo...!”.
 
“Soy ingeniero mecánico -continúa Tiago-, especializado en la gestión del mantenimiento de edificios. La forma en que acometo mis deberes diarios tiene un sentido, lo veo integrado en un plan de Dios para mí que antes no veía”.
 
“Llevo 16 años viviendo en una residencia universitaria. Es genial compartir el tiempo con gente joven, ayudarles a crecer y madurar, manteniendo su personalidad, ayudándoles a ser mejores estudiantes, mejores amigos, mejores hijos”, concluye.
 
 
Temas propuestos para reflexionar después del vídeo
 
1. Nuestra Señora de Fátima
 
Fátima es un tesoro para toda la Iglesia. No es un lujo, porque todo se hace con gran dignidad y sin ostentación. Pero es un tesoro: aquí crecen los corazones y las almas, aquí se toca la Iglesia, se siente la presencia de la Virgen, es algo que no se puede explicar, pero aquí se nota que la oración de la Virgen es muy eficaz.
 
 
2. La vocación al Opus Dei como numerario
 
La disponibilidad de los numerarios para servir a los demás consiste en una auténtica disponibilidad del corazón: la libertad efectiva de vivir sólo para Dios y, a través de él, para los demás, junto con la voluntad de asumir las tareas que sean necesarias en la Obra.
 
 
3. El celibato: una paternidad profunda y real
 
Aunque quien vive el celibato no tiene hijos naturales, se hace capaz de una paternidad profunda y real. Es padre —o madre— de muchos hijos, porque «paternidad es dar vida a los demás» (Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 26-6-2013). Sabe que está en el mundo para cuidar de los demás, mostrándoles, con su vida misma y con su palabra cercana, que solo Dios puede saciar la sed que experimentan.
 

Boda01Esta historia de amor que termina en boda comienza en Puebla, que es el lugar donde Rocío Rondero, una chica mexicana de 27 años que conoció a René, un joven asturiano de Gijón, que se había desplazado por motivos profesionales.

Fue un flechazo a primera vista. Conectaron enseguida. Primero amigos, y muy pronto novios. Todo iba bien, de manera que al poco de haberse conocido, René le dijo a Rocío que, si algún día se llegaban a casar, le gustaría hacerlo en Covadonga, delante de la Santina. Rocío contestó que por supuesto, sin darle mucha importancia a la propuesta: en primer lugar, porque acababan de conocerse, y en segundo lugar, porque René no era creyente, así que lo de una boda en santuario quedaba un poco lejos.
 
Mi padre es cooperador del Opus Dei –dice Rocío- y junto con mi madre, siempre se han preocupado de formarnos a mi hermana y a mí en la religión católica; en cambio, la familia de René, no es creyente ni practicante, aunque de pequeño le bautizaron”.
 
Sin embargo, a pesar de las diferencias religiosas ellos siguieron manteniendo una relación estupenda. Como se vislumbraba que aquello iba en serio, hubo muchas conversaciones sobre el futuro proyecto de vida juntos.
 
“Yo le fui contando a René lo que suponía formar una familia cristiana, abierta a la vida, que educara en la fe a nuestros hijos… René me escuchaba, y un día me dijo que quería empezar a recibir formación cristiana. Poco después hizo la Primera Comunión y recibió el sacramento de la Confirmación. Yo fui su madrina. Llevaba mucho tiempo rezándole a la Virgen por su acercamiento a Dios”.
 
Todo ello fue un motivo de gran alegría, y poco a poco esta relación se iba haciendo más profunda, y lo de pasar la vida juntos pasó de ser una frase de insta-storie a ser un proyecto de vida real. Las familias de ambos se conocieron y empezaron, algunos preparativos en firme de la futura boda.
 
Parecía que todo iba viento en popa, pero pronto surgió el primer inconveniente. Aunque René quería vivir en México, había que empezar a impulsar el negocio desde España. “En ese momento teníamos claro que queríamos estar juntos, y sabíamos que una relación a distancia no era la mejor opción, pero para mí vivir en España era dejarlo todo: familia, trabajo, amigos. Iba a vivir en una ciudad de la que sólo sabía su ubicación geográfica y poco más. El tiempo apremiaba, y yo le pedía en mi oración luces a Dios, para saber qué camino debía escoger… hasta que llegó un día en el que René me preguntó qué decisión había tomado, y mi respuesta fue un sí. Me lancé”.
 
De Puebla a Gijón
 
Rocío viajó a Gijón. Su padre le había animado a ponerse en contacto con algún centro del Opus Dei en esa ciudad, pero ella llegó sin la dirección. Así que un día después de Misa, entró en la librería diocesana, y le preguntó a la dependienta si sabía cómo podía contactar con el Opus Dei.
 
“Me dijo que no sabía, pero un señor joven que estaba al lado ojeando unos libros, al oír nuestra conversación se acercó, y me dijo que su mujer era supernumeraria del Opus Dei, y que si quería, él podía presentármela. Emocionada, le contesté que sí, y a los pocos días me llevó a Naraval, uno de los centros que hay en esta ciudad. Siempre dije que en esta vida no existen las coincidencias, sino las DIOSidencias”.
 
Boda03Rocío comenzó a asistir a los medios de formación y a conocer a otras chicas que iban a Naraval. Al mismo tiempo –ahora sí- empezó a preparar la boda que se prometía inminente. Pero estamos hablando de marzo de 2020, y en esos días empezó el confinamiento, que al principio iban a ser 15 días y luego fueron tres meses…
 
“Tuvimos que parar toda la preparación de la boda. Retomamos los preparativos cuando acabó el confinamiento pero cada vez que parecía que avanzábamos, surgían nuevas dificultades, ya que la pandemia y los contagios no habían terminado, y el protocolo exigía seguir cuidando una serie de medidas sanitarias. Un día de verano fuimos a visitar a la Santina, y allí le pedí a la Virgen que solucionara las cosas para poder celebrar nuestro matrimonio. Yo confiaba totalmente en mi Madre la Virgen, pero la verdad es que a veces me agobiaba”.
 
Entre tanto, se sucedían las conversaciones con su familia que lógicamente querían asistir al enlace. Las fechas bailaban y los nervios iban aumentando.
 
“Una tarde hablé con mis padres, y me dijeron que lo más importante era que recibiéramos el sacramento del matrimonio, aunque ellos no pudieran estar con nosotros, y que ya habría tiempo de celebrarlo. Este apoyo fue vital para que nos decidiéramos a ultimar los preparativos. Eso sí, iba a ser una boda sencilla, y con pocos invitados”.
 
Con la decisión tomada, el apoyo de la familia y el deseo de las personas de Naraval de ayudar en lo que hiciera falta, comenzó para la pareja otra carrera de obstáculos. En las iglesias estaban suspendidas las reuniones y, por lo tanto, los cursos prematrimoniales, pero gracias a un permiso especial y a la ayuda del sacerdote de Naraval, se pudo organizar un curso para ellos dos.
 
Empezaron a buscar dónde se podía celebrar la boda: una parroquia, una capilla… sin descartar su sueño: casarse en Covadonga. “Para casarnos allí, se necesitaba un certificado especial, con el permiso del Abad que justificara el motivo del viaje. Pero, ¡por fin! llegó ese permiso, proponiéndonos celebrar la boda en una pequeña capilla que hay en el interior de la gruta, donde se conserva la imagen réplica de la primitiva de la Virgen”.
 
Eligieron como fecha el 28 de noviembre, que fue el día en que se conocieron. Rocío compró el vestido de novia por Internet, y sus “amigas de Naraval” le proveyeron del resto: una le prestó un chaquetón, otra las arras, otra llevó grabadas varias piezas de música clásica. A la boda asistieron sólo siete personas contando al celebrante, que fue el sacerdote de Naraval.
 
“Resultó todo muy emotivo; al terminar fui a entregar a la Santina mi ramo de novia, en donde con mi corazón lleno de alegría fui a darle las gracias, pues sin planear tanto las cosas, nos concedió nuestro sacramento y qué mejor lugar que bajo su manto. No pudimos celebrarlo materialmente, ya que estaban cerrados todos los hoteles, restaurantes y cafeterías por la pandemia. Pero, para nosotros, eso era lo de menos, lo más importante, ya lo habíamos celebrado. Nos despedimos de nuestros invitados y de camino a casa, nos encontramos con un McDonald’s que estaba abierto, nos bajamos del coche y nos compramos una hamburguesa con un refresco que tomamos felices en casa”.
 
Conectados en la oración
 
Boda00La familia de Rocío, aún con la pena de estar a miles de kilómetros de distancia, estuvo profundamente unida al nuevo matrimonio. “Mis padres –desde Puebla- calcularon la hora de la ceremonia, y madrugaron ese día para rezar desde tres horas antes de que empezara la ceremonia. Querían acompañarnos con la oración en ese momento tan importante de nuestras vidas. Más tarde nos hicieron una videollamada, para felicitarnos por nuestro matrimonio. ¡Fue realmente emocionante!”.
 
Han pasado unos meses desde la boda, y René y Rocío están viviendo de nuevo en Puebla. No olvidarán nunca los preparativos de una boda que terminó en un McDonalds, ni el apoyo humano y espiritual que recibieron de las personas del Opus Dei de Asturias. “Yo he dejado parte de mí, sin duda alguna, en esta tierra asturiana, a los pies de la Santina, y he aprendido a tener fe en la oración. Todo pasa por algo. Dios nos ama y tiene un proyecto divino para cada uno de nosotros, pues nunca deja de caminar a nuestro lado… aunque el camino dé mil vueltas”.

Duni Sawadogo«Tenemos que luchar para que la mujer africana tenga un acceso mayor a la universidad»

 
El Premio Harambee a la Promoción e Igualdad de la Mujer Africana ha sido concedido este año a la científica marfileña Duni Sawadogo, como promotora de mujeres universitarias y científicas y del proyecto “La Mujer y la Ciencia” en su país. También por su lucha contra el tráfico de medicinas falsas que perjudican fundamentalmente a los más vulnerables, como son las mujeres y los niños más pobres.
En opinión de la premiada en esta XII edición, “el mejor modo de ayudar a la promoción de los derechos de la mujer es empeñarse en su escolarización, que permite a la mujer africana salir de la pobreza y sacar adelante su familia. Esto supone que haya profesores y centros de enseñanza, también universidades. Enseñar y estimular es lo que hago todo el día desde hace 27 años”.
 
El premio fue entregado el 4 de marzo por S.A.R. Doña Teresa de Borbón dos Sicilias, Presidenta de Honor de Harambee y D. Nicolas Zombré, Director General del Grupo Pierre Fabre en España. El 5 de marzo tuvo lugar la rueda de prensa con la premiada, también de forma virtual.
 
Duni Sawadogo, es doctora en Farmacia por la Universidad de Abidjan y doctora en Biología Celular y Hematología por la Universidad de Navarra. Es catedrática de Hematología Biológica e investigadora principal en la Facultad de Farmacia de la Universidad Felix Houphouet Boigny, de Abidjan. Pertenece a la American Society of Hematology (ASH)
 
Durante la pandemia, la Dra. Sawadogo ha sido nombrada miembro del Comité de Directivo de la AIRP (Autorité Ivoirienne de Régulation Pharmaceutique). Un organismo similar a la Agencia del Medicamento Europea, que ha aprobado las vacunas contra la covid-19 y que pone a disposición de la población medicinas seguras y de bajo precio, para luchar contra el tráfico de medicinas falsificadas.
 
Desigualdad en el acceso a las vacunas
 
En sus declaraciones a los medios informativos, Duni Sawadogo ha pedido una mayor colaboración internacional en el acceso a las vacunas contra el COVID para evitar la desigualdad en las vacunas disponibles, que en algunos países superan el triple de las dosis necesarias.
 
La científica galardonada pidió “igualdad de derechos para las mujeres”, ya que “la UNESCO estima que hay en el mundo alrededor de 132 millones de mujeres entre 6 y 17 años no escolarizadas. Esto implica que tienen un estatus inferior manteniendo su pobreza y un mayor riesgo de enfermar”.
 
Incrementar el acceso de las mujeres africanas a los estudios
 
Esta doctora en Farmacia y en Biología Celular explicó que “según el Banco Mundial, en 2019 había en el mundo un 41,6 % de mujeres universitarias. En lo que se refiere a mi país, eran un 7,6 por ciento. Pertenezco a ese muy bajo porcentaje de mujeres marfileñas que tuvieron la suerte de hacer estudios universitarios. Tenemos que luchar para que la mujer africana tenga un acceso mayor a la universidad”.
 
Duni Sawadogo se refirió también al tráfico de medicamentos falsos, manipulados o de baja calidad, que “está en relación directa con la resistencia a los antibióticos y antipalúdicos, y con el aumento de los pacientes con insuficiencia renal”.
 
Señaló que según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (2017) la toma de medicación falsa o de baja calidad ocasiona cada año la muerte de 320.000 niños menores de 5 años, aquejados de neumonía y paludismo.
 
La Dra. Sawadogo asegura que el tráfico ilegal de medicinas es más lucrativo y genera más dinero que el de la droga y que, aunque se trata de un problema global, África es una región muy afectada.

stuff«Stuff» presenta una conversación con siete matrimonios provenientes de distintos países y de realidades diversas, pero que comparten la misma inquietud: que sus hijos puedan crear relaciones sanas con las cosas materiales y sepan hacer un uso responsable de ellas.

El proyecto y las entrevistas surgieron antes de la llegada de la COVID-19 a nuestras vidas. La situación mundial debida a la pandemia -incluidas sus consecuencias económicas- así como la publicación de la encíclica Fratelli tutti y la convocatoria del próximo Año de la Familia plantean una especial oportunidad para abordar la llamada del Papa a ser “constructores de un nuevo vínculo social”, conscientes de que “la existencia de cada uno de nosotros está ligada a la de los demás: la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro” (cfr. Fratelli tutti, n. 66).
 
A partir de lo aprendido en la infancia y de sus sueños de futuro, estas parejas reflexionan sobre el estilo de vida sostenible y promotor del bien común que buscan inculcar en sus hijos. Desean transmitirles que sepan disfrutar con lo que tienen y que incluso en situaciones de necesidad o en momentos de asfixia económica, mantengan la esperanza. La cuaresma de este año puede ser un buen marco para esta reflexión.
 
Ofrecemos a continuación dos versiones, breve y larga, del documental, así como una guía descargable para reflexionar y un folleto para compartirlo con amigos.
 

Amorsobreruedas0En el matrimonio de Begoña y Javier las cosas van sobre ruedas porque hace 20 años él sufrió un accidente que le dejó postrado en una silla. Sin embargo eso no les ha impedido ser una pareja feliz y hacer muchas cosas en servicio de los demás.

Año 2001. Javier tenía 26 años y trabajaba de comercial en temas de imagen y sonido. De aquí para allá, carretera arriba, carretera abajo. Uno de esos días, llovía intensamente en Valencia y su coche patinó hacia el carril contrario, por el que en ese momento pasaba un camión que se lo llevó por delante. Se quedó a las puertas de la muerte y —después de semanas de sufrimiento e incertidumbre—, finalmente tetrapléjico.
 
En ese momento llevaba nueve meses saliendo con Begoña, que es agente de viajes. Ella es cooperadora del Opus Dei y le rezaba a san Josemaría y Eduardo Ortiz de Landázuri —un médico del Opus Dei en proceso de beatificación— que Javier saliera adelante: “Estaba tan mal que para mí el milagro es que haya sobrevivido”.
 
Dos años después, en contra de todas las opiniones externas, se casaron. “Pero yo voy a ser tu mujer. Ni tu cuidadora, ni tu enfermera”, le advirtió Begoña. Y así ha sido. Hay muchos momentos en los que ha tenido (y tiene) que cuidar de Javier, pero siempre desde el amor de una esposa.
 
Amorsobreruedas1“En nuestra boda, cuando llegó lo de ¿estáis dispuestos a quereros en la salud y en la enfermedad? dijimos: ¡eso ya lo traemos puesto!”, cuentan divertidos. Sus circunstancias marcan mucho el tipo de vida que llevan, pero para ellos eso no supone un problema, simplemente cuentan con ello y no se dejan llevar por sus expectativas, como recomienda el Papa Francisco en su reciente carta apostólica ‘Patris corde’ (‘Con corazón de padre’).
 
Por ejemplo, el día de su boda, en el baile, recuerda emocionada Begoña que “me subí a la silla de Javier y bailamos así, los dos en la silla. Fue algo inolvidable. Muchos amigos nos dicen que nunca han asistido a un baile de bodas tan bonito”.
 
Hoy, dieciocho años después, Begoña y Javier son padres de una adolescente. “De pequeñita me la ponía en el regazo y la llevaba y traía al colegio en la silla de ruedas”, cuenta Javier. Ahora ella patina a su lado mientras comparten velocidad y confidencias. “Tiene más confianza con su padre que conmigo”, confiesa Begoña.
 
amorsobreruedas2Ella es una mujer de carácter, pero Javier no queda atrás. Todos los días entrena con su silla de ruedas por las calles de Valencia, para recuperar fuerza motora en los brazos: por eso prefiere usar la manual en lugar de la eléctrica. Da largos paseos y excursiones con otros tetrapléjicos.
 
Javier es voluntario de Cruz Roja y vocal de la junta directiva de la Asociación de lesionados medulares (ASPAYM Comunidad Valenciana). Imparte charlas a personas que sufren algún tipo de patología similar a la suya y también interviene, junto con Begoña, en cursos de orientación familiar, contando su testimonio: “Los matrimonios necesitamos formación porque muchos confunden el amor con otra cosa mucho más pobre. Nadie nos enseña que las dificultades se pueden afrontar y superar con éxito. Y hay que empezar por hablar, contarnos las cosas, escucharnos…”.
 
amorsobreruedas3En esta entrevista cuentan su historia y el secreto para mantener en el tiempo su amor a prueba de sufrimientos y dificultades: “Dolor siempre habrá, pero el sufrimiento depende de cómo te lo tomes”.

CatequesisElena Guevara (Caracas)tiene 81 años y es catequista desde hace 30. En plena madurez y con sus hijos ya crecidos, se encontró con una tarea inesperada y providencial.

“Créeme, ha sido una de las experiencias más bonitas que yo he tenido en la vida –asegura Elena– porque la mayor satisfacción es formar y recibir a un nuevo hijo de Dios en la Iglesia”.
 
Catequesis de adultos individuales
 
Elena nació en un hogar cristiano y cuando formó el suyo procuró inculcar la fe y los valores a sus hijos. Tuvo la oportunidad de conocer el Opus Dei y, a inicio de los años noventa, realizó un curso de intensa formación cristiana que le dio base para lo que Dios le pondría en el camino: formar a personas adultas que emprendían su camino de fe en la religión católica.
 
Cuando el párroco de la iglesia de La Natividad del Señor, en Caracas, se enteró, casualmente, de que una de sus feligreses estaba recibiendo una sólida formación cristiana no dudó en pedirle su apoyo para la catequesis de adultos.
 
“Te voy a ser franca –relata Elena–, al comienzo yo me asusté un poquito porque no es lo mismo que instruir a un niño. Tú sabes que para dar catequesis a adultos que se van a bautizar hay que empezar desde Creo en Dios Padre Todopoderoso hasta qué es la vida eterna”.
 
Las clases con adultos las imparte de manera individual para que se sientan libres de preguntar lo que quieran. “Para mí es esencial que no seas sólo tú la que habla –explica–, dejarle abierta una puerta para que él te pregunte sus dudas, lo que no entiende y hasta lo que no le parece bien”.
 
¿Por qué piden bautizarse cuando son adultos?
 
Pero ¿por qué después de adulto alguien decide bautizarse? “No se puede vivir sin Dios y llegan momentos en que necesitas buscar a un Ser Supremo: ‘Quiero tener a un Dios cercano, que yo conozca, que le pueda llegar, pedir, que me oiga’”, le comentan los catecúmenos a Elena.
 
Querer conocer al Dios Padre Creador es el mayor impulso que tienen estas personas para bautizarse. A estas alturas de la vida no son sus padres o sus abuelos los que los convencen de hacerlo. Su necesidad interior es el mayor estímulo.
 
Aunque a algunos les dé vergüenza recibir los sacramentos siendo mayores, se sobreponen a ello. Cuenta Elena el caso de un señor que se preparaba para recibir el bautismo: “Cuando le pregunté cómo quería que fuera su bautizo, él me dijo que en la iglesia de Coche porque el párroco era su amigo”. Dice Elena que fue algo muy lindo ver a un hombre de más de 30 años rodeado de niños, feliz con su vela, recibiendo el sacramento. “Uno empieza con respetos humanos, con el qué dirán y él –muy valiente– se bautizó en Coche con 22 muchachitos más”.
 
Aunque la experiencia ha sido muy gratificante, también los momentos difíciles han enseñado mucho a esta catequista. “Ha habido personas que se están preparando, pero luego dicen se echan para atrás. Se van cuando van descubriendo que hay responsabilidades como cristianos. Dicen: ‘yo no quiero, no voy a ir todos los domingos a misa, no voy a cumplir los diez mandamientos’. Pero yo prefiero eso, a que digan sí y después no cumplan”.
 
Desde el principio hay que ser muy sinceros con ellos, aclara Elena. “Yo rezo por ellos siempre, para que sean buenos cristianos y para que yo lo haga bien, porque me tocó a mí ser el cauce por el que entraran a la Iglesia católica”.
 
Una joven sordomuda, un hijo de madre judía y un niño de 10 años
 
Otro reto ha sido catequizar a una joven sordomuda. Fue un reto hermoso. Ella está convencida de que el Espíritu Santo le presta una ayuda adicional para casos especiales.
 
En otra ocasión preparó a un muchacho, hijo de madre judía y padre católico. El día de su bautizo, la mamá le pidió al sacerdote poder darle la bendición del rito judío a su hijo. El padre le contestó alegremente: “Claro que sí, así bendecía la Virgen María a su hijo Jesús, la judía más perfecta que ha habido”.
 
Su experiencia con niños ha sido menor, pero siempre ha aprendido de la ingenuidad de los pequeños. Recuerda especialmente una vivencia: “Él tenía 10 años y yo estaba muy emocionada el día de su bautizo. Cuando terminan de echarle el agua, él no levantaba la cabeza y el sacerdote se la levantó, vio que estaba llorando y cuando le preguntó qué le sucedía, dijo: ‘Es que me emocioné’. Más adelante me contó que él le estaba diciendo al Espíritu Santo: sé mi amigo, o, mejor, sé mi pana” (pana en Venezuela significa mejor amigo, o muy buenos amigos).
 
Ya han pasado 30 años y Elena asegura que ser catequista ha sido una de las experiencias más bellas que ha tenido en su vida. “Cada vez que alguno se bautiza, que hay un nuevo hijo de Dios en la Iglesia, le digo al Señor: ‘Aquí te lo entrego’”.
 
La labor de Elena ha tocado muchos corazones y ver tantas conversiones también ha tocado el suyo. Cada nuevo cristiano en la Iglesia le impulsa a continuar con este gran trabajo. Recuerda especialmente el 17 de mayo de 1992, día en que beatificaron a San Josemaría. Ella estaba en Caracas en el bautizo de una muchacha y decía: “Padre Josemaría, no estoy allá en Roma, pero te estoy dando el mejor regalo que vas a recibir hoy, el que te estamos dando aquí en esta parroquia”.

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Con la Carta apostólica ‘Patris corde’ (‘Con corazón de padre’), el Pontífice recuerda el 150 aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia Universal y, con motivo de esta ocasión, a partir del 8 de diciembre de 2020 y hasta el 8 de diciembre de 2021 se celebrará un año dedicado especialmente a él.

 Sumario
 
Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José»[1].
 
Los dos evangelistas que evidenciaron su figura, Mateo y Lucas, refieren poco, pero lo suficiente para entender qué tipo de padre fuese y la misión que la Providencia le confió.
 
Sabemos que fue un humilde carpintero (cf. Mt 13,55), desposado con María (cf. Mt 1,18; Lc 1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19), siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley (cf. Lc 2,22.27.39) y a través de los cuatro sueños que tuvo (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22). Después de un largo y duro viaje de Nazaret a Belén, vio nacer al Mesías en un pesebre, porque en otro sitio «no había lugar para ellos» (Lc 2,7). Fue testigo de la adoración de los pastores (cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12), que representaban respectivamente el pueblo de Israel y los pueblos paganos.
 
Tuvo la valentía de asumir la paternidad legal de Jesús, a quien dio el nombre que le reveló el ángel: «Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). Como se sabe, en los pueblos antiguos poner un nombre a una persona o a una cosa significaba adquirir la pertenencia, como hizo Adán en el relato del Génesis (cf. 2,19-20).
 
En el templo, cuarenta días después del nacimiento, José, junto a la madre, presentó el Niño al Señor y escuchó sorprendido la profecía que Simeón pronunció sobre Jesús y María (cf. Lc 2,22-35). Para proteger a Jesús de Herodes, permaneció en Egipto como extranjero (cf. Mt 2,13-18). De regreso en su tierra, vivió de manera oculta en el pequeño y desconocido pueblo de Nazaret, en Galilea —de donde, se decía: “No sale ningún profeta” y “no puede salir nada bueno” (cf. Jn 7,52; 1,46)—, lejos de Belén, su ciudad de origen, y de Jerusalén, donde estaba el templo. Cuando, durante una peregrinación a Jerusalén, perdieron a Jesús, que tenía doce años, él y María lo buscaron angustiados y lo encontraron en el templo mientras discutía con los doctores de la ley (cf. Lc 2,41-50).
 
Después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo. Mis predecesores han profundizado en el mensaje contenido en los pocos datos transmitidos por los Evangelios para destacar su papel central en la historia de la salvación: el beato Pío IX lo declaró «Patrono de la Iglesia Católica»[2], el venerable Pío XII lo presentó como “Patrono de los trabajadores”[3] y san Juan Pablo II como «Custodio del Redentor»[4]. El pueblo lo invoca como «Patrono de la buena muerte»[5].
 
Por eso, al cumplirse ciento cincuenta años de que el beato Pío IX, el 8 de diciembre de 1870, lo declarara como Patrono de la Iglesia Católica, quisiera —como dice Jesús— que “la boca hable de aquello de lo que está lleno el corazón” (cf. Mt 12,34), para compartir con ustedes algunas reflexiones personales sobre esta figura extraordinaria, tan cercana a nuestra condición humana.
 
Este deseo ha crecido durante estos meses de pandemia, en los que podemos experimentar, en medio de la crisis que nos está golpeando, que «nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. […] Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos»[6].
 
Todos pueden encontrar en san José —el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. A todos ellos va dirigida una palabra de reconocimiento y de gratitud.
 
1. Padre amado
 
La grandeza de san José consiste en el hecho de que fue el esposo de María y el padre de Jesús. En cuanto tal, «entró en el servicio de toda la economía de la encarnación», como dice san Juan Crisóstomo[7].
 
San Pablo VI observa que su paternidad se manifestó concretamente «al haber hecho de su vida un servicio, un sacrificio al misterio de la Encarnación y a la misión redentora que le está unida; al haber utilizado la autoridad legal, que le correspondía en la Sagrada Familia, para hacer de ella un don total de sí mismo, de su vida, de su trabajo; al haber convertido su vocación humana de amor doméstico en la oblación sobrehumana de sí mismo, de su corazón y de toda capacidad en el amor puesto al servicio del Mesías nacido en su casa»[8].
 
Por su papel en la historia de la salvación, san José es un padre que siempre ha sido amado por el pueblo cristiano, como lo demuestra el hecho de que se le han dedicado numerosas iglesias en todo el mundo; que muchos institutos religiosos, hermandades y grupos eclesiales se inspiran en su espiritualidad y llevan su nombre; y que desde hace siglos se celebran en su honor diversas representaciones sagradas. Muchos santos y santas le tuvieron una gran devoción, entre ellos Teresa de Ávila, quien lo tomó como abogado e intercesor, encomendándose mucho a él y recibiendo todas las gracias que le pedía. Alentada por su experiencia, la santa persuadía a otros para que le fueran devotos[9].
 
En todos los libros de oraciones se encuentra alguna oración a san José. Invocaciones particulares que le son dirigidas todos los miércoles y especialmente durante todo el mes de marzo, tradicionalmente dedicado a él[10].
 
La confianza del pueblo en san José se resume en la expresión “Ite ad Ioseph”, que hace referencia al tiempo de hambruna en Egipto, cuando la gente le pedía pan al faraón y él les respondía: «Vayan donde José y hagan lo que él les diga» (Gn 41,55). Se trataba de José el hijo de Jacob, a quien sus hermanos vendieron por envidia (cf. Gn 37,11-28) y que —siguiendo el relato bíblico— se convirtió posteriormente en virrey de Egipto (cf. Gn 41,41-44).
 
Como descendiente de David (cf. Mt 1,16.20), de cuya raíz debía brotar Jesús según la promesa hecha a David por el profeta Natán (cf. 2 Sam 7), y como esposo de María de Nazaret, san José es la pieza que une el Antiguo y el Nuevo Testamento.
 
2. Padre en la ternura
 
José vio a Jesús progresar día tras día «en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2,52). Como hizo el Señor con Israel, así él “le enseñó a caminar, y lo tomaba en sus brazos: era para él como el padre que alza a un niño hasta sus mejillas, y se inclina hacia él para darle de comer” (cf. Os 11,3-4).
 
Jesús vio la ternura de Dios en José: «Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por quienes lo temen» (Sal 103,13).
 
En la sinagoga, durante la oración de los Salmos, José ciertamente habrá oído el eco de que el Dios de Israel es un Dios de ternura[11], que es bueno para todos y «su ternura alcanza a todas las criaturas» (Sal 145,9).
 
La historia de la salvación se cumple creyendo «contra toda esperanza» (Rm 4,18) a través de nuestras debilidades. Muchas veces pensamos que Dios se basa sólo en la parte buena y vencedora de nosotros, cuando en realidad la mayoría de sus designios se realizan a través y a pesar de nuestra debilidad. Esto es lo que hace que san Pablo diga: «Para que no me engría tengo una espina clavada en el cuerpo, un emisario de Satanás que me golpea para que no me engría. Tres veces le he pedido al Señor que la aparte de mí, y él me ha dicho: “¡Te basta mi gracia!, porque mi poder se manifiesta plenamente en la debilidad”» (2 Co 12,7-9).
 
Si esta es la perspectiva de la economía de la salvación, debemos aprender a aceptar nuestra debilidad con intensa ternura[12].
 
El Maligno nos hace mirar nuestra fragilidad con un juicio negativo, mientras que el Espíritu la saca a la luz con ternura. La ternura es el mejor modo para tocar lo que es frágil en nosotros. El dedo que señala y el juicio que hacemos de los demás son a menudo un signo de nuestra incapacidad para aceptar nuestra propia debilidad, nuestra propia fragilidad. Sólo la ternura nos salvará de la obra del Acusador (cf. Ap 12,10). Por esta razón es importante encontrarnos con la Misericordia de Dios, especialmente en el sacramento de la Reconciliación, teniendo una experiencia de verdad y ternura. Paradójicamente, incluso el Maligno puede decirnos la verdad, pero, si lo hace, es para condenarnos. Sabemos, sin embargo, que la Verdad que viene de Dios no nos condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene, nos perdona. La Verdad siempre se nos presenta como el Padre misericordioso de la parábola (cf. Lc 15,11-32): viene a nuestro encuentro, nos devuelve la dignidad, nos pone nuevamente de pie, celebra con nosotros, porque «mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado» (v. 24).
 
También a través de la angustia de José pasa la voluntad de Dios, su historia, su proyecto. Así, José nos enseña que tener fe en Dios incluye además creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad. Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia.
 
3. Padre en la obediencia
 
Así como Dios hizo con María cuando le manifestó su plan de salvación, también a José le reveló sus designios y lo hizo a través de sueños que, en la Biblia, como en todos los pueblos antiguos, eran considerados uno de los medios por los que Dios manifestaba su voluntad[13].
 
José estaba muy angustiado por el embarazo incomprensible de María; no quería «denunciarla públicamente»[14], pero decidió «romper su compromiso en secreto» (Mt 1,19). En el primer sueño el ángel lo ayudó a resolver su grave dilema: «No temas aceptar a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,20-21). Su respuesta fue inmediata: «Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado» (Mt 1,24). Con la obediencia superó su drama y salvó a María.
 
En el segundo sueño el ángel ordenó a José: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y huye a Egipto; quédate allí hasta que te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo» (Mt 2,13). José no dudó en obedecer, sin cuestionarse acerca de las dificultades que podía encontrar: «Se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, donde estuvo hasta la muerte de Herodes» (Mt 2,14-15).
 
En Egipto, José esperó con confianza y paciencia el aviso prometido por el ángel para regresar a su país. Y cuando en un tercer sueño el mensajero divino, después de haberle informado que los que intentaban matar al niño habían muerto, le ordenó que se levantara, que tomase consigo al niño y a su madre y que volviera a la tierra de Israel (cf. Mt 2,19-20), él una vez más obedeció sin vacilar: «Se levantó, tomó al niño y a su madre y entró en la tierra de Israel» (Mt 2,21).
 
Pero durante el viaje de regreso, «al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, avisado en sueños —y es la cuarta vez que sucedió—, se retiró a la región de Galilea y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret» (Mt 2,22-23).
 
El evangelista Lucas, por su parte, relató que José afrontó el largo e incómodo viaje de Nazaret a Belén, según la ley del censo del emperador César Augusto, para empadronarse en su ciudad de origen. Y fue precisamente en esta circunstancia que Jesús nació y fue asentado en el censo del Imperio, como todos los demás niños (cf. Lc 2,1-7).
 
San Lucas, en particular, se preocupó de resaltar que los padres de Jesús observaban todas las prescripciones de la ley: los ritos de la circuncisión de Jesús, de la purificación de María después del parto, de la presentación del primogénito a Dios (cf. 2,21-24)[15].
 
En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní.
 
José, en su papel de cabeza de familia, enseñó a Jesús a ser sumiso a sus padres, según el mandamiento de Dios (cf. Ex 20,12).
 
En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Dicha voluntad se transformó en su alimento diario (cf. Jn 4,34). Incluso en el momento más difícil de su vida, que fue en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad del Padre y no la suya propia[16] y se hizo «obediente hasta la muerte […] de cruz» (Flp 2,8). Por ello, el autor de la Carta a los Hebreos concluye que Jesús «aprendió sufriendo a obedecer» (5,8).
 
Todos estos acontecimientos muestran que José «ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente “ministro de la salvación”»[17].
 
4. Padre en la acogida
 
José acogió a María sin poner condiciones previas. Confió en las palabras del ángel. «La nobleza de su corazón le hace supeditar a la caridad lo aprendido por ley; y hoy, en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente, José se presenta como figura de varón respetuoso, delicado que, aun no teniendo toda la información, se decide por la fama, dignidad y vida de María. Y, en su duda de cómo hacer lo mejor, Dios lo ayudó a optar iluminando su juicio»[18].
 
Muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión. José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia. Si no nos reconciliamos con nuestra historia, ni siquiera podremos dar el paso siguiente, porque siempre seremos prisioneros de nuestras expectativas y de las consiguientes decepciones.
 
La vida espiritual de José no nos muestra una vía que explica, sino una vía que acoge. Sólo a partir de esta acogida, de esta reconciliación, podemos también intuir una historia más grande, un significado más profundo. Parecen hacerse eco las ardientes palabras de Job que, ante la invitación de su esposa a rebelarse contra todo el mal que le sucedía, respondió: «Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?» (Jb 2,10).
 
José no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte. La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo. Sólo el Señor puede darnos la fuerza para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia.
 
La venida de Jesús en medio de nosotros es un regalo del Padre, para que cada uno pueda reconciliarse con la carne de su propia historia, aunque no la comprenda del todo.
 
Como Dios dijo a nuestro santo: «José, hijo de David, no temas» (Mt 1,20), parece repetirnos también a nosotros: “¡No tengan miedo!”. Tenemos que dejar de lado nuestra ira y decepción, y hacer espacio —sin ninguna resignación mundana y con una fortaleza llena de esperanza— a lo que no hemos elegido, pero está allí. Acoger la vida de esta manera nos introduce en un significado oculto. La vida de cada uno de nosotros puede comenzar de nuevo milagrosamente, si encontramos la valentía para vivirla según lo que nos dice el Evangelio. Y no importa si ahora todo parece haber tomado un rumbo equivocado y si algunas cuestiones son irreversibles. Dios puede hacer que las flores broten entre las rocas. Aun cuando nuestra conciencia nos reprocha algo, Él «es más grande que nuestra conciencia y lo sabe todo» (1 Jn 3,20).
 
El realismo cristiano, que no rechaza nada de lo que existe, vuelve una vez más. La realidad, en su misteriosa irreductibilidad y complejidad, es portadora de un sentido de la existencia con sus luces y sombras. Esto hace que el apóstol Pablo afirme: «Sabemos que todo contribuye al bien de quienes aman a Dios» (Rm 8,28). Y san Agustín añade: «Aun lo que llamamos mal (etiam illud quod malum dicitur)»[19]. En esta perspectiva general, la fe da sentido a cada acontecimiento feliz o triste.
 
Entonces, lejos de nosotros el pensar que creer significa encontrar soluciones fáciles que consuelan. La fe que Cristo nos enseñó es, en cambio, la que vemos en san José, que no buscó atajos, sino que afrontó “con los ojos abiertos” lo que le acontecía, asumiendo la responsabilidad en primera persona.
 
La acogida de José nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles, porque Dios elige lo que es débil (cf. 1 Co 1,27), es «padre de los huérfanos y defensor de las viudas» (Sal 68,6) y nos ordena amar al extranjero[20]. Deseo imaginar que Jesús tomó de las actitudes de José el ejemplo para la parábola del hijo pródigo y el padre misericordioso (cf. Lc 15,11-32).
 
5. Padre de la valentía creativa
 
Si la primera etapa de toda verdadera curación interior es acoger la propia historia, es decir, hacer espacio dentro de nosotros mismos incluso para lo que no hemos elegido en nuestra vida, necesitamos añadir otra característica importante: la valentía creativa. Esta surge especialmente cuando encontramos dificultades. De hecho, cuando nos enfrentamos a un problema podemos detenernos y bajar los brazos, o podemos ingeniárnoslas de alguna manera. A veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener.
 
Muchas veces, leyendo los “Evangelios de la infancia”, nos preguntamos por qué Dios no intervino directa y claramente. Pero Dios actúa a través de eventos y personas. José era el hombre por medio del cual Dios se ocupó de los comienzos de la historia de la redención. Él era el verdadero “milagro” con el que Dios salvó al Niño y a su madre. El cielo intervino confiando en la valentía creadora de este hombre, que cuando llegó a Belén y no encontró un lugar donde María pudiera dar a luz, se instaló en un establo y lo arregló hasta convertirlo en un lugar lo más acogedor posible para el Hijo de Dios que venía al mundo (cf. Lc 2,6-7). Ante el peligro inminente de Herodes, que quería matar al Niño, José fue alertado una vez más en un sueño para protegerlo, y en medio de la noche organizó la huida a Egipto (cf. Mt 2,13-14).
 
De una lectura superficial de estos relatos se tiene siempre la impresión de que el mundo esté a merced de los fuertes y de los poderosos, pero la “buena noticia” del Evangelio consiste en mostrar cómo, a pesar de la arrogancia y la violencia de los gobernantes terrenales, Dios siempre encuentra un camino para cumplir su plan de salvación. Incluso nuestra vida parece a veces que está en manos de fuerzas superiores, pero el Evangelio nos dice que Dios siempre logra salvar lo que es importante, con la condición de que tengamos la misma valentía creativa del carpintero de Nazaret, que sabía transformar un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia.
 
Si a veces pareciera que Dios no nos ayuda, no significa que nos haya abandonado, sino que confía en nosotros, en lo que podemos planear, inventar, encontrar.
 
Es la misma valentía creativa que mostraron los amigos del paralítico que, para presentarlo a Jesús, lo bajaron del techo (cf. Lc 5,17-26). La dificultad no detuvo la audacia y la obstinación de esos amigos. Ellos estaban convencidos de que Jesús podía curar al enfermo y «como no pudieron introducirlo por causa de la multitud, subieron a lo alto de la casa y lo hicieron bajar en la camilla a través de las tejas, y lo colocaron en medio de la gente frente a Jesús. Jesús, al ver la fe de ellos, le dijo al paralítico: “¡Hombre, tus pecados quedan perdonados!”» (vv. 19-20). Jesús reconoció la fe creativa con la que esos hombres trataron de traerle a su amigo enfermo.
 
El Evangelio no da ninguna información sobre el tiempo en que María, José y el Niño permanecieron en Egipto. Sin embargo, lo que es cierto es que habrán tenido necesidad de comer, de encontrar una casa, un trabajo. No hace falta mucha imaginación para llenar el silencio del Evangelio a este respecto. La Sagrada Familia tuvo que afrontar problemas concretos como todas las demás familias, como muchos de nuestros hermanos y hermanas migrantes que incluso hoy arriesgan sus vidas forzados por las adversidades y el hambre. A este respecto, creo que san José sea realmente un santo patrono especial para todos aquellos que tienen que dejar su tierra a causa de la guerra, el odio, la persecución y la miseria.
 
Al final de cada relato en el que José es el protagonista, el Evangelio señala que él se levantó, tomó al Niño y a su madre e hizo lo que Dios le había mandado (cf. Mt 1,24; 2,14.21). De hecho, Jesús y María, su madre, son el tesoro más preciado de nuestra fe[21].
 
En el plan de salvación no se puede separar al Hijo de la Madre, de aquella que «avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente su unión con su Hijo hasta la cruz»[22].
 
Debemos preguntarnos siempre si estamos protegiendo con todas nuestras fuerzas a Jesús y María, que están misteriosamente confiados a nuestra responsabilidad, a nuestro cuidado, a nuestra custodia. El Hijo del Todopoderoso viene al mundo asumiendo una condición de gran debilidad. Necesita de José para ser defendido, protegido, cuidado, criado. Dios confía en este hombre, del mismo modo que lo hace María, que encuentra en José no sólo al que quiere salvar su vida, sino al que siempre velará por ella y por el Niño. En este sentido, san José no puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia, porque la Iglesia es la extensión del Cuerpo de Cristo en la historia, y al mismo tiempo en la maternidad de la Iglesia se manifiesta la maternidad de María[23]. José, a la vez que continúa protegiendo a la Iglesia, sigue amparando al Niño y a su madre, y nosotros también, amando a la Iglesia, continuamos amando al Niño y a su madre.
 
Este Niño es el que dirá: «Les aseguro que siempre que ustedes lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron» (Mt 25,40). Así, cada persona necesitada, cada pobre, cada persona que sufre, cada moribundo, cada extranjero, cada prisionero, cada enfermo son “el Niño” que José sigue custodiando. Por eso se invoca a san José como protector de los indigentes, los necesitados, los exiliados, los afligidos, los pobres, los moribundos. Y es por lo mismo que la Iglesia no puede dejar de amar a los más pequeños, porque Jesús ha puesto en ellos su preferencia, se identifica personalmente con ellos. De José debemos aprender el mismo cuidado y responsabilidad: amar al Niño y a su madre; amar los sacramentos y la caridad; amar a la Iglesia y a los pobres. En cada una de estas realidades está siempre el Niño y su madre.
 
6. Padre trabajador
 
Un aspecto que caracteriza a san José y que se ha destacado desde la época de la primera Encíclica social, la Rerum novarum de León XIII, es su relación con el trabajo. San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo.
 
En nuestra época actual, en la que el trabajo parece haber vuelto a representar una urgente cuestión social y el desempleo alcanza a veces niveles impresionantes, aun en aquellas naciones en las que durante décadas se ha experimentado un cierto bienestar, es necesario, con una conciencia renovada, comprender el significado del trabajo que da dignidad y del que nuestro santo es un patrono ejemplar.
 
El trabajo se convierte en participación en la obra misma de la salvación, en oportunidad para acelerar el advenimiento del Reino, para desarrollar las propias potencialidades y cualidades, poniéndolas al servicio de la sociedad y de la comunión. El trabajo se convierte en ocasión de realización no sólo para uno mismo, sino sobre todo para ese núcleo original de la sociedad que es la familia. Una familia que carece de trabajo está más expuesta a dificultades, tensiones, fracturas e incluso a la desesperada y desesperante tentación de la disolución. ¿Cómo podríamos hablar de dignidad humana sin comprometernos para que todos y cada uno tengan la posibilidad de un sustento digno?
 
La persona que trabaja, cualquiera que sea su tarea, colabora con Dios mismo, se convierte un poco en creador del mundo que nos rodea. La crisis de nuestro tiempo, que es una crisis económica, social, cultural y espiritual, puede representar para todos un llamado a redescubrir el significado, la importancia y la necesidad del trabajo para dar lugar a una nueva “normalidad” en la que nadie quede excluido. La obra de san José nos recuerda que el mismo Dios hecho hombre no desdeñó el trabajo. La pérdida de trabajo que afecta a tantos hermanos y hermanas, y que ha aumentado en los últimos tiempos debido a la pandemia de Covid-19, debe ser un llamado a revisar nuestras prioridades. Imploremos a san José obrero para que encontremos caminos que nos lleven a decir: ¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!
 
7. Padre en la sombra
 
El escritor polaco Jan Dobraczyński, en su libro La sombra del Padre[24], noveló la vida de san José. Con la imagen evocadora de la sombra define la figura de José, que para Jesús es la sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege, no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos. Pensemos en aquello que Moisés recuerda a Israel: «En el desierto, donde viste cómo el Señor, tu Dios, te cuidaba como un padre cuida a su hijo durante todo el camino» (Dt 1,31). Así José ejercitó la paternidad durante toda su vida[25].
 
Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él.
 
En la sociedad de nuestro tiempo, los niños a menudo parecen no tener padre. También la Iglesia de hoy en día necesita padres. La amonestación dirigida por san Pablo a los Corintios es siempre oportuna: «Podrán tener diez mil instructores, pero padres no tienen muchos» (1 Co 4,15); y cada sacerdote u obispo debería poder decir como el Apóstol: «Fui yo quien los engendré para Cristo al anunciarles el Evangelio» (ibíd.). Y a los Gálatas les dice: «Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes» (4,19).
 
Ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir. Quizás por esta razón la tradición también le ha puesto a José, junto al apelativo de padre, el de “castísimo”. No es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario a poseer. La castidad está en ser libres del afán de poseer en todos los ámbitos de la vida. Sólo cuando un amor es casto es un verdadero amor. El amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz. Dios mismo amó al hombre con amor casto, dejándolo libre incluso para equivocarse y ponerse en contra suya. La lógica del amor es siempre una lógica de libertad, y José fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre. Nunca se puso en el centro. Supo cómo descentrarse, para poner a María y a Jesús en el centro de su vida.
 
La felicidad de José no está en la lógica del auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo. Nunca se percibe en este hombre la frustración, sino sólo la confianza. Su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza. El mundo necesita padres, rechaza a los amos, es decir: rechaza a los que quieren usar la posesión del otro para llenar su propio vacío; rehúsa a los que confunden autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, confrontación con opresión, caridad con asistencialismo, fuerza con destrucción. Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la maduración del simple sacrificio. También en el sacerdocio y la vida consagrada se requiere este tipo de madurez. Cuando una vocación, ya sea en la vida matrimonial, célibe o virginal, no alcanza la madurez de la entrega de sí misma deteniéndose sólo en la lógica del sacrificio, entonces en lugar de convertirse en signo de la belleza y la alegría del amor corre el riesgo de expresar infelicidad, tristeza y frustración.
 
La paternidad que rehúsa la tentación de vivir la vida de los hijos está siempre abierta a nuevos espacios. Cada niño lleva siempre consigo un misterio, algo inédito que sólo puede ser revelado con la ayuda de un padre que respete su libertad. Un padre que es consciente de que completa su acción educativa y de que vive plenamente su paternidad sólo cuando se ha hecho “inútil”, cuando ve que el hijo ha logrado ser autónomo y camina solo por los senderos de la vida, cuando se pone en la situación de José, que siempre supo que el Niño no era suyo, sino que simplemente había sido confiado a su cuidado. Después de todo, eso es lo que Jesús sugiere cuando dice: «No llamen “padre” a ninguno de ustedes en la tierra, pues uno solo es su Padre, el del cielo» (Mt 23,9).
 
Siempre que nos encontremos en la condición de ejercer la paternidad, debemos recordar que nunca es un ejercicio de posesión, sino un “signo” que nos evoca una paternidad superior. En cierto sentido, todos nos encontramos en la condición de José: sombra del único Padre celestial, que «hace salir el sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos» (Mt 5,45); y sombra que sigue al Hijo.
 
* * *
 
«Levántate, toma contigo al niño y a su madre» (Mt 2,13), dijo Dios a san José.
 
El objetivo de esta Carta apostólica es que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes, como también su resolución.
 
En efecto, la misión específica de los santos no es sólo la de conceder milagros y gracias, sino la de interceder por nosotros ante Dios, como hicieron Abrahán[26] y Moisés[27], como hace Jesús, «único mediador» (1 Tm 2,5), que es nuestro «abogado» ante Dios Padre (1 Jn 2,1), «ya que vive eternamente para interceder por nosotros» (Hb 7,25; cf. Rm 8,34).
 
Los santos ayudan a todos los fieles «a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad»[28]. Su vida es una prueba concreta de que es posible vivir el Evangelio.
 
Jesús dijo: «Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), y ellos a su vez son ejemplos de vida a imitar. San Pablo exhortó explícitamente: «Vivan como imitadores míos» (1 Co 4,16)[29]. San José lo dijo a través de su elocuente silencio.
 
Ante el ejemplo de tantos santos y santas, san Agustín se preguntó: «¿No podrás tú lo que éstos y éstas?». Y así llegó a la conversión definitiva exclamando: «¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva!»[30].
 
No queda más que implorar a san José la gracia de las gracias: nuestra conversión.
 
A él dirijamos nuestra oración:
 
Salve, custodio del Redentory esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo,en ti María depositó su confianza,contigo Cristo se forjó como hombre.
 
Oh, bienaventurado José,muéstrate padre también a nosotrosy guíanos en el camino de la vida.Concédenos gracia, misericordia y valentía,y defiéndenos de todo mal. Amén.
 
Roma, en San Juan de Letrán, 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, del año 2020, octavo de mi pontificado.
 
Francisco
 
[1] Lc 4,22; Jn 6,42; cf. Mt 13,55; Mc 6,3.
 
[2] S. Rituum Congreg., Quemadmodum Deus (8 diciembre 1870): ASS 6 (1870-71), 194.
 
[3] Cf. Discurso a las Asociaciones cristianas de Trabajadores italianos con motivo de la Solemnidad de san José obrero (1 mayo 1955): AAS 47 (1955), 406.
 
[4] Exhort. ap. Redemptoris custos (15 agosto 1989): AAS 82 (1990), 5-34.
 
[5] Catecismo de la Iglesia Católica, 1014.
 
[6] Meditación en tiempos de pandemia (27 marzo 2020): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (3 abril 2020), p. 3.
 
[7] In Matth. Hom, V, 3: PG 57, 58.
 
[8] Homilía (19 marzo 1966): Insegnamenti di Paolo VI, IV (1966), 110.
 
[9] Cf. Libro de la vida, 6, 6-8.
 
[10] Todos los días, durante más de cuarenta años, después de Laudes, recito una oración a san José tomada de un libro de devociones francés del siglo XIX, de la Congregación de las Religiosas de Jesús y María, que expresa devoción, confianza y un cierto reto a san José: «Glorioso patriarca san José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones tan graves y difíciles que te confío, para que tengan una buena solución. Mi amado Padre, toda mi confianza está puesta en ti. Que no se diga que te haya invocado en vano y, como puedes hacer todo con Jesús y María, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder. Amén».
 
[11] Cf. Dt 4,31; Sal 69,17; 78,38; 86,5; 111,4; 116,5; Jr 31,20.
 
[12] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 88, 288: AAS 105 (2013), 1057, 1136-1137.
 
[13] Cf. Gn 20,3; 28,12; 31,11.24; 40,8; 41,1-32; Nm 12,6; 1 Sam 3,3-10; Dn 2; 4; Jb 33,15.
 
[14] En estos casos estaba prevista la lapidación (cf. Dt 22,20-21).
 
[15] Cf. Lv 12,1-8; Ex 13,2.
 
[16] Cf. Mt 26,39; Mc 14,36; Lc 22,42.
 
[17] S. Juan Pablo II, Exhort. ap. Redemptoris custos (15 agosto 1989), 8: AAS 82 (1990), 14.
 
[18] Homilía en la Santa Misa con beatificaciones, Villavicencio – Colombia (8 septiembre 2017): AAS 109 (2017), 1061.
 
[19] Enchiridion de fide, spe et caritate, 3.11: PL 40, 236.
 
[20] Cf. Dt 10,19; Ex 22,20-22; Lc 10,29-37.
 
[21] Cf. S. Rituum Congreg., Quemadmodum Deus (8 diciembre 1870): ASS 6 (1870-71), 193; B. Pío IX, Carta ap. Inclytum Patriarcham (7 julio 1871): l.c., 324-327.
 
[22] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 58.
 
[23] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 963-970.
 
[24] Edición original: Cień Ojca, Varsovia 1977.
 
[25] Cf. S. Juan Pablo II, Exhort. ap. Redemptoris custos, 7-8: AAS 82 (1990), 12-16.
 
[26] Cf. Gn 18,23-32.
 
[27] Cf. Ex 17,8-13; 32,30-35.
 
[28] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 42.
 
[29] Cf. 1 Co 11,1; Flp 3,17; 1 Ts 1,6.
 
 
[30] Confesiones, 8, 11, 27: PL 32, 761; 10, 27, 38: PL 32, 795.
 
Decreto con el que se concede el don de indulgencias especiales con ocasión del Año de San José
 
El obsequio de indulgencias especiales se concede con motivo del Año de San José, anunciado por el Papa Francisco para celebrar el 150 aniversario de la proclamación de San José como Patrón de la Iglesia universal.
 
Hoy se cumplen 150 años del Decreto Quemadmodum Deus , con el que el Beato Pío IX, conmovido por las circunstancias graves y lúgubres en las que una Iglesia se ve acosada por la hostilidad humana, declaró a San José Patrón de la Iglesia Católica.
 
Con el fin de perpetuar la encomienda de toda la Iglesia al poderoso patrocinio del Custodio de Jesús, el Papa Francisco ha establecido que, desde la fecha de hoy, el aniversario del decreto de proclamación así como un día sagrado para la Santísima Virgen Inmaculada y Esposa del casto José, hasta El 8 de diciembre de 2021, se celebra un Año especial de San José, en el que cada fiel que sigue su ejemplo puede fortalecer diariamente su vida de fe en el pleno cumplimiento de la voluntad de Dios.
 
Todos los fieles tendrán así la oportunidad de comprometerse, con oración y buenas obras, a obtener con la ayuda de San José, cabeza de la celestial Familia de Nazaret, consuelo y alivio de las graves tribulaciones humanas y sociales que hoy afligen al mundo contemporáneo.
 
La devoción al Custodio del Redentor se ha desarrollado ampliamente a lo largo de la historia de la Iglesia, que no sólo le atribuye uno de los más altos culto después del de la Madre de Dios su Esposa, sino que también le ha conferido múltiples patrocinios.
 
El Magisterio de la Iglesia sigue descubriendo magnitudes antiguas y nuevas en este tesoro que es San José, como señor de la casa del Evangelio de Mateo "que extrae de su tesoro cosas nuevas y antiguas" (Mt 13,52).
 
El obsequio de indulgencias que la Penitenciaría Apostólica, mediante el presente Decreto emitido de acuerdo con la voluntad del Papa Francisco, concede amablemente durante el Año de San José, beneficiará enormemente el perfecto logro del propósito previsto.
 
La indulgencia plenaria se concede en las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre) a los fieles que, con el alma desprendida de cualquier pecado, participarán en el Año de San José en ocasiones y con las modalidades indicadas por esta Penitenciaría Apostólica.
 
-a. San José, auténtico hombre de fe, nos invita a redescubrir la relación filial con el Padre, a renovar la fidelidad a la oración, a escuchar y corresponder con profundo discernimiento a la voluntad de Dios. Se concede la indulgencia plenaria a quienes mediten al menos durante un tiempo. 30 minutos la oración del Padre Nuestro, o participarán en un retiro espiritual de al menos un día que incluya una meditación sobre San José;
 
-b. El Evangelio atribuye a san José el sobrenombre de "hombre justo" (cf. Mt 1, 19): él, guardián del "secreto íntimo que está en el fondo del corazón y del alma" [1] , depositario del misterio de Dios y por tanto el patrón ideal del fuero interno, nos urge a redescubrir el valor del silencio, la prudencia y la lealtad en el cumplimiento de los deberes. La virtud de la justicia practicada de manera ejemplar por José es la plena adhesión a la ley divina, que es la ley de la misericordia, "porque es precisamente la misericordia de Dios la que lleva a cabo la verdadera justicia" [2]. Por tanto, quienes, siguiendo el ejemplo de San José, realicen una obra de misericordia corporal o espiritual, también podrán obtener el don de indulgencia plenaria.
 
-c. El aspecto principal de la vocación de José fue ser guardián de la Sagrada Familia de Nazaret, esposo de la Santísima Virgen María y padre legal de Jesús. Para que todas las familias cristianas se estimulen a recrear el mismo clima de íntima comunión, amor y oración vivida en la Sagrada Familia, se concede una indulgencia plenaria para el rezo del Santo Rosario en las familias y entre los novios.
 
-d. El Siervo de Dios Pío XII , el 1 de mayo de 1955, instituyó la fiesta de S. distribución de derechos y deberes" [3]. Por lo tanto, puede lograr la indulgencia plenaria a cualquiera que confía diariamente sus actividades a la protección de San José y a todos los fieles que invocan con la oración dell'Artigiano la intercesión de Nazaret, para que quien esté buscando trabajo pueda encontrar un trabajo y trabajo todo el mundo es más digno.
 
-e. La huida de la Sagrada Familia a Egipto "nos muestra que Dios es donde el hombre está en peligro, donde el hombre sufre, donde escapa, donde experimenta el rechazo y el abandono" [4]. La indulgencia plenaria se concede a los fieles que reciten las Letanías a San José (para la tradición latina), o Akathistos a San José, en su totalidad o al menos en parte (para la tradición bizantina), o alguna otra oración a San José. José, propio de otras tradiciones litúrgicas, en favor de la Iglesia perseguida ad intra y ad extra y para el alivio de todos los cristianos que sufren toda forma de persecución.
 
Santa Teresa de Ávila reconoció a san José como protector de todas las circunstancias de la vida: "A los demás santos parece que Dios les ha concedido ayudarnos en esta o aquella necesidad, mientras yo he experimentado que el glorioso San José extiende su patrocinio sobre todos" [5]. Más recientemente, san Juan Pablo II reiteró que la figura de san José adquiere "una relevancia renovada para la Iglesia de nuestro tiempo, en relación con el nuevo milenio cristiano" [6].
 
Para reafirmar la universalidad del patrocinio de San José sobre la Iglesia, además de las ocasiones antes mencionadas, la Penitenciaría Apostólica concede una indulgencia plenaria a los fieles que recitarán cualquier oración o acto de piedad legítimamente aprobado en honor de San José, por ejemplo "A ti, o Beato José ", especialmente en las recurrencias del 19 de marzo y 1 de mayo, en la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, el domingo de San José (según la tradición bizantina), el 19 de cada mes y todos los miércoles, jornada dedicada a la memoria del Santo según la tradición latina.
 
En el contexto actual de emergencia sanitaria, el don de la indulgencia plenaria se extiende especialmente a los ancianos, los enfermos, los moribundos y todos aquellos que por motivos legítimos no pueden salir de casa, que con el alma desprendida de cualquier pecado y con la intención de cumplir, cuanto antes, las tres condiciones habituales, en su propia casa o donde el impedimento los detenga, rezarán un acto de piedad en honor a San José, consuelo de los enfermos y Patrón de una feliz muerte, ofreciendo con confía en Dios los dolores y las incomodidades de tu vida.
 
Para que el logro de la gracia divina mediante el poder de las Llaves pueda ser facilitado pastoralmente, esta Penitenciaría ora fervientemente para que todos los sacerdotes dotados de las facultades apropiadas, se ofrezcan con un espíritu disponible y generoso a la celebración del sacramento de la Penitencia y, con frecuencia, administren la Sagrada Comunión a los enfermos.
 
Este Decreto es válido para el Año de San José, a pesar de cualquier disposición contraria.
 
Dado en Roma, desde la sede de la Penitenciaría Apostólica, el 8 de diciembre de 2020.
 
Mauro Card. Penitenciaría Mayor de Piacenza
 
Krzysztof NykielRegente
 
L. + S.Prot. N. 866/20 / I
 
[1] Pío XI, Discurso con motivo del anuncio de las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Emilia de Vialar , en “L'Osservatore Romano”, año LXXV, n. 67, 20-21 de marzo de 1935, 1.
 
[2] Francisco, Audiencia general (3 de febrero de 2016).
 
[3] Pío XII, Discurso con motivo de la solemnidad de San José artesano (1 de mayo de 1955), en Discursos y mensajes radiofónicos de Su Santidad Pío XII , XVII, 71-76.
 
[4] Francisco, Ángelus (29 de diciembre de 2013).
 
[5] Teresa de Ávila, Vita , VI, 6 (transl. It. In Ead., Todas las obras , editado por M. Bettetini, Milán 2018, 67).
 
[6] Juan Pablo II, Exhortación apostólica Redemptoris Custodio sobre la figura y misión de san José en la vida de Cristo y de la Iglesia (15 de agosto de 1989), 32.
 
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Datos Opus DeiInformación sobre la historia, organización, actividades y recursos económicos del Opus Dei en España, además de ofrecer datos de contacto en las diversas ciudades.

 El Opus Dei -que en castellano significa Obra de Dios- es una institución de la Iglesia Católica fundada en 1928 en Madrid por el sacerdote Josemaría Escrivá de Balaguer. Desde entonces se dedica a promover la santidad de los cristianos en medio del mundo, fortaleciendo su vida de fe mediante una abundante formación, para que sus miembros puedan ofrecer un testimonio cristiano.
 
Aunque el Opus Dei comenzó en los años 40 y 50 su expansión internacional, y su misión es universal, sus orígenes y primeros años de vida tuvieron lugar en España.
 

25 años de una puerta abierta a la cultura

GamboaEl Club Cultural Gamboa surgió por iniciativa de un grupo de madres de familia decididas a crear un foro de debate en su ciudad, Vigo. Poco a poco se convirtió en un lugar al que acudían todo tipo de mujeres con inquietudes humanistas, con ganas de superarse, de aportar ideas y de colaborar en la sociedad con actividades solidaria.
 
En el año 1995 había muy pocas asociaciones en Vigo (Pontevedra, Galicia) que ofreciesen a la mujer un espacio en el que ampliar sus horizontes intelectuales. “La historia del Club Cultural Gamboa es una historia de mujeres para mujeres y, sobre todo, para mujeres valientes”, dice Poti Balboa, presidenta fundadora del club.
 
Todo comenzó con un grupo de mujeres llenas de ilusión, algunas de ellas eran supernumerarias del Opus Dei y otras, amigas y cooperadoras. Al principio se reunían en casa de una de ellas. Una vez a la semana quedaban para hablar de cuestiones que les preocupaba como la vida, los hijos, el trabajo o la situación social. Otras veces comentaban lo que había salido en las noticias o los proyectos que tenían entre manos.
 
Fueron trabajando con mucho rigor e incorporando las actividades culturales, con una inspiración humanística y cristiana que enriqueciera a la mujer viguesa. Hacían carteles para anunciar sus charlas culturales. A veces eran de color rosa, otros verdes, otros azules… Siempre en función del color en el que fuera más barato imprimir, ya que ninguna tenía muchos ahorros para invertir. Enseguida crearon unos estatutos y constituyeron una asociación y en pocos meses tuvieron más de cien socias.
 
Abrir la puerta de la cultura a la mujer viguesa
 
 La historia del nombre de “Gamboa” tiene un origen histórico ya que en Vigo se celebra por todo lo alto el día de la Reconquista, que conmemora cuando los franceses querían entrar en la ciudad y los vigueses cerraron la puerta de Gamboa para impedírselo y lo consiguieron. “Nosotras, en cambio –dice Marisa Bermúdez, la directora técnica– con el club Gamboa pretendíamos abrir esa puerta, abrirla a la cultura de la mujer viguesa”.
 
Poco a poco, por el boca a boca, la gente empezó a conocer estos encuentros y también fueron apareciendo manos generosas. Algunos empresarios de la ciudad de Vigo comenzaron a ofrecer salas de sus oficinas para que este grupo pudiera tener sus encuentros en un ambiente más formal.
 
En aquellos años la oferta de ocio para la mujer se limitaba a ir de compras, a quedarse en casa o a estar en alguna cafetería. Cuenta Marisa Bermudez, una de las socias fundadoras, que por esas circunstancias no les resultó difícil convertirse en un grupo de referencia en la ciudad de Vigo. Las actividades iban cambiando de local según conocidos o instituciones les fueran prestando sus espacios. Los encuentros tenían lugar en auditorios amplios cuando algún ponente, por su cargo en una empresa o entidad, era muy conocido. En las conferencias del club Gamboa participaron profesionales como el psiquiatra Enrique Rojas o la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada.
 
Gamboa cumple ahora 25 años de actividades destinadas a contrastar y compartir ideas y reflexionar sobre la sociales de cada momento. Aunque está conformado por socias, el grupo se consolidó con tanta fuerza que ellas prefieren decir que son amigas.
 
          Precisamente esa amistad fue lo que les ayudó apoyarse unas a otras y sacar proyectos adelante. Porque no todo eran conferencias, una vez al mes hacían excursiones familiares por los pueblos de Galicia. También sabían pasárselo bien en los meses de verano. Cuando el calor llegaba a las Rías Baixas organizaban un festival de verano en el parador de Baiona. Invitaban a bandas de música y orquestas. Los veraneantes que estaban en la zona aquellos días y llegaban de otras partes de España también se unían a la fiesta y el baile.
 
De igual forma, otro día de la semana y también una vez al mes, han mantenido la actividad de libro-forum o cine-forum, alternativamente, de manera que durante este periodo y sin interrupción hasta llegar la pandemia de la COVID-19, en el mes de marzo de 2020 y hasta ahora, han sacado adelante una actividad diferente, cada semana de cada mes, los doce meses, durante 25 años.
 
 
Además, también han conseguido tiempo para apoyar alguna labor social; cuando estalló la guerra de Siria decidieron crear un grupo para enviar ayuda humanitaria a los desplazados que viven en muy malas condiciones en el interior de Siria, sin casa, sin ropa, sin comida.
 
En estos años también han llegado más allá de las fronteras de Galicia. Han viajado a otras ciudades de España como Sevilla, Pamplona o Cantabria. Y más lejos incluso: Alemania, Viena, Tierra Santa, Estambul... A los viajes van matrimonios, amigos y conocidos de las socias. Incluso muchas veces han llegado a ir personas desconocidas, que habían conocido el club Gamboa a través de la prensa local o de sus actividades.
 
Marisa Bermudez explica que lo que ha permitido que este proyecto se mantuviese activo durante estos años fue la ilusión por ofrecer buenas actividades y ofrecerlas de la mejor forma posible, a personas que tenían ganas de formarse y pasar muy buenos ratos con otras amigas. Gracias a ese trabajo y empeño constante se ganaron un prestigio en la ciudad de Vigo, convirtiéndose en un centro cultural de referencia para mujeres, pero también para las familias y profesionales interesados en el saber.
 
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ExpansionEl profesor de la Universidad de Navarra Onésimo Díaz acaba de publicar un libro titulado 'Expansión. El desarrollo del Opus Dei entre los años 1940 y 1945', que según su autor “trata de un periodo histórico sobre el que todavía queda mucho por investigar”.

 
El libro muestra cinco años de la vida de la institución fundada por san Josemaría. Según Díaz, “al terminar la Guerra Civil española, Escrivá contaba con catorce hombres y dos mujeres para desarrollar el Opus Dei. La sede de la primera obra corporativa, la residencia DYA en la calle Ferraz, estaba en ruinas. Hacer el Opus Dei en aquellas circunstancias parecía una misión imposible.
 
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial eran más de doscientos veinte varones y casi treinta mujeres quienes le seguían. En cinco años se abrieron centros, residencias y colegios mayores en las principales ciudades españolas”.
 
Publicado por Ediciones Rialp, este libro analiza la vida cotidiana de los primeros miembros del Opus Dei entre 1940 y 1945, años caracterizados por el temor a la posible entrada de España en la Segunda Guerra Mundial, por la carestía de la posguerra y también por la ilusión de los jóvenes del Opus Dei por extender entre familiares, amigos y conocidos un mensaje novedoso de búsqueda de la plenitud de la vida cristiana en medio del mundo.
 
El autor destaca el entusiasmo de los jóvenes que siguieron a san Josemaría, la mayor parte estudiantes universitarios, que difundieron su mensaje por las ciudades españolas y prepararon la expansión internacional. Durante la Segunda Guerra Mundial, el ingeniero José Luis Múzquiz realizó un viaje a Portugal de nueve días por motivos profesionales; algunos ampliaron estudios en Suiza, como Francisco Ponz y Juan Jiménez Vargas; el científico José María González Barredo estuvo en Alemania, y el matemático Francisco Botella en Italia.
 
A lo largo del relato aparecen jóvenes universitarios que después jugaron un papel destacado en la historia española, como los banqueros Luis Valls y Rafael Termes, los ministros Laureano López Rodó y Alberto Ullastres, y el catedrático antifranquista Rafael Calvo Serer. Y también tienen un papel relevante figuras importantes de la vida del Opus Dei, como los sacerdotes Álvaro del Portillo, José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz y las mujeres Guadalupe Ortiz de Landazuri y Encarnita Ortega.
 
Según Díaz, “fueron años de formación intensa, de rumores e incomprensiones y también de deslumbramiento por la novedad del mensaje, tanto en el seno de la Iglesia como en la sociedad civil”.
 
El libro es resultado de una investigación en varios archivos, como el Archivo General de la Prelatura del Opus Dei en Roma, y el Archivo General de la Administración del Estado en Alcalá de Henares. Según el autor, “a través de los documentos trato de presentar la vida de unas personas que se sentían protagonistas de algo importante en unas circunstancias difíciles, durante la posguerra española y la Segunda Guerra Mundial”.
 
Onésimo Díaz es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco (1995) y doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad de la Santa Cruz (2013). Actualmente trabaja en la Universidad de Navarra como investigador del Grupo de Investigación en Historia Reciente y subdirector del Centro de Documentación y Estudios Josemaría Escrivá. Es autor de quince libros y más de treinta artículos en revistas de historia.
 
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Francisco caridadEn este vídeo se muestran iniciativas que católicos de diversas naciones han puesto en marcha en sus países para aliviar alguna necesidad de su entorno. Muchas de estas labores están promovidas por personas del Opus Dei con sus amigos.
Textos para la reflexión
 
 
27. En los medios de formación de San Rafael y de San Gabriel, es bueno favorecer el ejercicio de las obras de misericordia espirituales y corporales, siguiendo la enseñanza constante de la Iglesia, la experiencia de san Josemaría, y el ejemplo y las palabras del Papa Francisco. Las actividades y las iniciativas personales relacionadas con la solidaridad, el servicio a los necesitados y la responsabilidad social, no son algo coyuntural ni marginal, sino que se encuentran en el núcleo del Evangelio. Profundizar en la doctrina social de la Iglesia, por ejemplo a través de cursos y conferencias, ayudará especialmente en contextos de mayor desigualdad social.
 
31.2 Junto a estas prioridades, querría subrayar la urgencia que todos tenemos de agrandar el corazón —le pedimos al Señor que nos dé un corazón a su medida—, para que entren en él todas las necesidades, los dolores, los sufrimientos de los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, especialmente de los más débiles. En el mundo actual, la pobreza presenta muchos rostros diversos: enfermos y ancianos que son tratados con indiferencia, la soledad que experimentan muchas personas abandonadas, el drama de los refugiados, la miseria en la que vive buena parte de la humanidad como consecuencia muchas veces de injusticias que claman al Cielo. Nada de esto nos puede resultar indiferente. Sé que todas mis hijas y todos mis hijos pondrán en movimiento la «imaginación de la caridad»[32], para llevar el bálsamo de la ternura de Dios a todos nuestros hermanos que pasan necesidad: Los pobres —decía aquel amigo nuestro— son mi mejor libro espiritual y el motivo principal para mis oraciones. Me duelen ellos, y Cristo me duele con ellos. Y, porque me duele, comprendo que le amo y que les amo[1].
 
 Conferencia pronunciada por Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, con motivo de la Jornada conmemorativa del 10º aniversario de Harambee (2012).
 
 
"Basta empezar. Maneras de ayudar a los demás" es el título de una serie de 11 vídeos que buscan ayudar a profundizar en la importancia de las obras de misericordia mostrando los testimonios de más de 100 personas procedentes de 12 países.
 
La serie, producida en el año jubilar de la misericordia, desea contribuir a que se cumpla un deseo del Papa Francisco: que los cristianos contemplemos la misericordia de Dios y la asumamos como estilo de vida.
 
[1] San Josemaría, Surco, n. 827.
 
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CartasLa santificación de la vida corriente, la humildad, el servicio y el anuncio de Cristo son los temas que abordan cuatro cartas que san Josemaría dirigió a los fieles del Opus Dei. Ahora, se publican por primera vez en la colección de Obras Completas del Fundador promovida por el Istituto Storico san Josemaría. Entrevista al editor del volumen, Luis Cano.
 
 
Con la edición de este volumen, comienza a publicarse una serie con las cartas de san Josemaría a los fieles del Opus Dei. ¿De qué tipo de cartas se trata?
 
Son escritos dirigidos a las personas del Opus Dei de todos los tiempos, no a destinatarios concretos. Tratan de temas relacionados con el espíritu y la historia del Opus Dei, pero en su gran mayoría tienen validez para todos los cristianos, pues sobre todo hablan del seguimiento de Jesucristo, el tema que de veras interesaba a san Josemaría. Son páginas en las que quiso verter su experiencia humana y sobrenatural, para transmitir una doctrina y unas vivencias que fueron fruto de toda una vida de oración y de reflexión. Son textos que sorprenderán por su profundidad y modernidad. Al mismo tiempo su tono es bastante familiar, como de tertulia. No son tratados, ni homilías o meditaciones: mientras se leen, es fácil imaginarse al fundador del Opus Dei que escribe o charla en la intimidad con sus hijos e hijas espirituales.
 
¿Por qué se publican ahora? ¿Nunca antes se habían dado a conocer?
 
Con la creación del Istituto Storico San Josemaría Escrivá, en 2001, se emprendió la publicación de las obras completas del fundador del Opus Dei, con metodología crítica, es decir, con un estudio atento de las fuentes. La puesta en marcha de este trabajo ha requerido tiempo y se han ido publicando ya diversos volúmenes de esa colección, en concreto ocho. Una vez terminada la primera fase, en la que se han editado las obras que se publicaron en vida, ha tocado el turno a los escritos inéditos. En 2017 salió el primer volumen de este tipo, con textos de la predicación. El siguiente paso ha sido ocuparse de otro gran grupo de escritos inéditos, las Cartas, en cuya edición varios miembros del Instituto hemos estado trabajando desde hace años, y en el que tenemos mucha ilusión, por el gran valor que tienen, a nuestro juicio. De todas maneras, muchos fragmentos de estas Cartas eran bien conocidos porque se han empleado parcialmente en diversas publicaciones, desde hace decenios.
 
¿Podría introducir los temas principales de las cuatro cartas que se dan a conocer?
 
La primera trata sobre la santificación de la vida corriente y del trabajo en medio del mundo, en el que los cristianos actúan como la levadura en la masa, tratando de acercar a todos a los hombres y mujeres a Cristo. Es decir, este primer texto, relativamente breve, aborda el núcleo del mensaje que difunde el Opus Dei. La segunda se centra en la humildad, como virtud imprescindible para la vida cristiana y para ser fieles a Dios. La tercera afronta el tema del servicio a Dios, a la Iglesia y a todos los hombres que los cristianos están llamados a realizar en medio del mundo. Me han parecido especialmente sugestivos y de gran actualidad algunos pasajes en los que habla del papel de los fieles laicos en la mejora y vivificación con espíritu cristiano, de las realidades políticas, sociales, culturales... en las que viven y trabajan. El tema de la libertad y del respeto de las opiniones de los demás está muy presente. Por último, el cuarto texto, más breve, presenta unas líneas guía para el anuncio de Cristo en un mundo fuertemente secularizado. El tema es cómo ejercitar la caridad en la tarea de la transmisión de la fe. Contiene una fuerte llamada a la evangelización de nuestro mundo, con un talante amable y optimista, que pienso resultará sugestivo para muchos cristianos comprometidos con la evangelización, independientemente de si conocen o no el Opus Dei.
 
Luis Cano¿Cuántas cartas existen y cuál fue el arco temporal de su escritura? ¿hay un plan de publicación previsto?
 
Hay 38 cartas, si se cuentan solo las que san Josemaría consideró como un ciclo, es decir un conjunto de escritos bastante homogéneos. En realidad, hay algunas más, que todavía no sabemos si incluirlas en esta serie de la Colección de Obras completas o en otras dedicadas a escritos pastorales. En total se podría hablar de 40-45 documentos con características muy parecidas. El plan es irlos publicando en los próximos años.
 
Además de esas cartas, dirigidas a los fieles del Opus Dei en general, ¿se publicará también la correspondencia mantenida con personas concretas?
 
Sí. Está previsto dedicar una serie completa al epistolario de Escrivá, del que ya han aparecido algunos ejemplos parciales en la revista Studia et Documenta. Se trata de varios millares de cartas, por lo que estamos estudiando cuándo y cómo comenzar su publicación sistemática.
 
¿Cuál era el contexto histórico y eclesial en que se escribieron esos textos?
 
No es fácil responder, porque no sabemos cuánto duró su proceso de redacción. En realidad, se podría decir que san Josemaría trabajó en algunas cartas en un arco de casi 40 años, porque comenzó a esbozarlas ya en los años 30, escribiendo textos que luego pensaba desarrollar más extensamente. Pero no retomó ese trabajo hasta muchos años después. Trabajó a fondo el entero ciclo de las Cartas, en su fase de redacción final, en un periodo que va desde finales de los años 50 hasta principios de los 70, más o menos. Es decir, en esos años reelaboró completamente los viejos textos que conservaba, agregando citas más modernas, recurriendo a expresiones y formulaciones más recientes de su pensamiento, tomadas de las transcripciones de sus propias palabras en meditaciones y charlas, y añadiendo nuevas partes de su puño y letra. Como es natural y como es fácil notar, empleó el lenguaje y las ideas que tenía en la cabeza en el momento de esa reelaboración, aunque en varios documentos quiso dejar una fecha pretérita, como una rememoración –muchas veces, enriquecida con un valor simbólico- del comienzo de esa escritura. De ahí la diferencia de estas Cartas con las misivas de su epistolario, que se editarán en otra colección aparte, como hemos dicho, en las que la datación coincide con el momento de la escritura. Todo esto se explica con detalle en la introducción a este primer volumen. Pienso que a san Josemaría le interesaba dar en estas Cartas una visión acabada del espíritu del Opus Dei, que tuviera validez perenne, antes de que el Señor le llamara a la otra vida.
 
A muchos años de su redacción, y teniendo en cuenta que son cartas dirigidas a los fieles de la Obra, ¿en qué ha consistido el trabajo del Instituto Histórico para presentarlas en esta colección?
 
El primer cometido ha consistido en examinar cuidadosamente las fuentes y el material previo que tenemos, ya que san Josemaría revisó varias veces estos textos, produciendo versiones con ligeras diferencias, algunas de las cuales destruyó, mientras que otras no: ha sido preciso realizar un trabajo crítico para cotejar y determinar la versión que él quiso dejar como definitiva. Por otro lado, se trata de una edición comentada, aunque hemos querido limitar el número de notas a lo imprescindible, para no distraer al lector del texto principal. Este primer volumen incluye también una introducción, donde se explica la historia de la redacción de estos documentos, sus características, etc., y donde se ofrece una visión de conjunto de este rico patrimonio.
 
amigosLa amistad que ofrece un cristiano a quienes le rodean siempre ha sido un motivo de admiración. Con el paso del tiempo, surgen siempre nuevos escenarios y nuevos retos.
 
Corren los últimos años del siglo II. Los cristianos que viven en el Imperio Romano son perseguidos con violencia. Un jurista llamado Tertuliano, que había abrazado el cristianismo poco tiempo atrás, sale en defensa de sus hermanos en la fe, a quienes ahora conoce más de cerca. Y lo hace a través de un tratado en el que busca informar a los gobernadores de las provincias romanas sobre la verdadera vida de quienes eran acusados injustamente. Él mismo había admirado a los cristianos aún sin serlo, especialmente a los mártires; pero ahora, recogiendo la opinión de muchos, Tertuliano resume en un comentario lo que se dice sobre aquellas pequeñas comunidades: “¡Mirad cómo se aman entre sí!”[1].
 
Son muchos los testimonios de esta amistad que vivían los primeros cristianos. Poco antes, recién comenzado el mismo siglo, el obispo san Ignacio de Antioquía, mientras se dirigía a Roma para su martirio, escribió una carta al joven obispo Policarpo. En ella, entre varios consejos, le exhorta a acercarse «con mansedumbre» a quienes están lejos de la Iglesia, ya que no tendría mérito amar solo a «los buenos discípulos»[2]. Efectivamente, sabemos que Cristo se hace presente en la historia a través de su Iglesia, de sus sacramentos, de la Sagrada Escritura, pero también a través de la caridad con que los cristianos tratamos a quienes nos rodean. La amistad es uno de esos «caminos divinos de la tierra»[3] que Dios ha abierto al haberse hecho hombre, amigo de sus amigos. Es un terreno en donde se palpa, de manera especial, esa cooperación misteriosa entre la iniciativa de Dios y nuestra correspondencia.
 
Por eso, para que Cristo llegue a los demás a través de nuestras relaciones, es importante crecer en la virtud y en el arte de la amistad; desplegar la capacidad de querer a los demás y de querer con los demás; dejar que nuestra vida se amolde a esa ilusión de compartirla con otros. Procuramos, por tanto, que nuestro carácter se forme –o se reforme– para hacernos amables y tender puentes. Queremos que incluso nuestros gestos, nuestro modo de hablar, de trabajar o de movernos, favorezcan el encuentro con los demás. Todo esto, contando siempre con nuestra propia manera de ser y con nuestras personales limitaciones, ya que existen infinitas de maneras de ser buen amigo.
 
Uno al lado del otro
 
Decía C.S. Lewis que nos imaginamos «a los enamorados mirándose cara a cara, y en cambio a los amigos, uno al lado del otro mirando hacia delante»[4], hacia algo que hacer, que alcanzar juntos. Un amigo no solamente quiere al amigo, sino que quiere con él; se apasiona con las actividades, proyectos e ideales valiosos de la otra persona. Aquella amistad muchas veces brota simplemente compartiendo tareas que son verdaderos bienes comunes y, así, los amigos crecen juntos en las virtudes necesarias para alcanzarlos.
 
En este sentido, cuánto ayuda entusiasmarse con cosas buenas, tener ambiciones nobles. Puede tratarse de una empresa profesional o académica; de una iniciativa cultural, educativa o artística, desde leer o escuchar música en grupo, hasta promover actividades para el gran público; de formas de servicio social o cívico; también puede tratarse de una iniciativa formativa, como un club juvenil o familiar, o una actividad destinada a la difusión del mensaje cristiano. La amistad se consolida también compartiendo tareas domésticas como decorar, cocinar, hacer bricolaje, jardinería y, por supuesto, en medio de la práctica de algún deporte, excursiones, juegos y otras aficiones. Todas estas actividades son ocasión de disfrutar en compañía, allí crecen poco a poco la confianza y la apertura mutua hacia otras dimensiones de la propia vida. Al final, es difícil –e incluso, tal vez, innecesario– saber si hacemos todas estas cosas para estar con nuestros amigos o si tenemos amigos para hacer cosas buenas con ellos.
 
Por el contrario, quien afronta su vida de un modo meramente funcional, pensando todo desde el punto de vista práctico, verá muy disminuida su capacidad para hacer amigos. Podrá tener, como mucho, colaboradores en ciertas tareas útiles o cómplices para pasar el rato. Es entonces cuando se instrumentaliza la amistad, ya que se la pone solamente al servicio de un proyecto centrado en uno mismo.
 
«Así debería ser»
 
Pero la amistad no es solamente hacer cosas juntos. Debe ser «amistad “personal”, sacrificada, sincera: de tú a tú, de corazón a corazón»[5]. Aunque entre los amigos no hacen falta las palabras en todo momento, es propio de los amigos conversar. Y es todo un arte aprender a suscitar buenas conversaciones, con una o varias personas. Por eso, quien quiere crecer en amistad, evita el activismo frenético y busca tiempos propicios para estar juntos, sin mirar relojes ni teléfonos móviles. Si buscamos facilitar este intercambio personal, tampoco es indiferente el lugar, el ambiente. Por eso ayuda disponer de espacios comunes, con rincones que arropen los encuentros entre personas. San Josemaría daba una gran importancia a la instalación material de los centros de la Obra, porque debían facilitar materialmente el ambiente de amistad, con su buen gusto y aire familiar.
 
Invitar a alguien a unirse a un grupo de amigos, para que comparta una experiencia inspiradora o sus reflexiones sobre un tema interesante, habitualmente contribuye a que mejore con naturalidad el nivel de su conversación. También ayuda emprender lecturas en común, ya que supone participar de ese gran debate con los autores del presente y del pasado, en donde se congregan tantos posibles nuevos compañeros de viaje. No menos importante –y refleja una profunda verdad sobre el hombre– es el hecho de que la amistad nos reúne con frecuencia en torno a una mesa, para disfrutar juntos de buenos alimentos y de alguna bebida que aligere el espíritu. Tantas veces, en aquellas largas conversaciones, anticipamos el cielo: «De repente percibimos algo: sí, esto sería precisamente la verdadera “vida”, así debería ser»[6].
 
Pero la verdadera amistad no se satisface solamente con la charla entre los que forman un grupo de amigos. Pide también momentos de soledad, de cierta intimidad, en donde se pueda hablar «de corazón a corazón». Los buenos amigos y familiares comprenden esa necesidad y abren ese espacio sin envidias ni recelos. Así se crea el contexto propicio para las «discretas indiscreciones»[7], para el mutuo consejo, para la confidencia. De esos momentos también se sirve Dios para acompañar espiritualmente a las almas e incluso para abrir «insospechados horizontes de celo»[8] a los amigos, como puede ser compartir una misión divina en el mundo.
 
La amistad en un mundo agitado
 
Es bueno considerar también, con realismo, algunos rasgos de nuestra cultura contemporánea que suponen un reto para la manera en que vivimos la amistad. Hay que decir, en primer lugar, que no se trata de obstáculos insalvables. Por un lado, porque tenemos toda la gracia de Dios. Pero también porque es fácil ver que, allí donde la amistad es menos frecuente y profunda, resulta más necesaria y es deseada de modo más intenso por los corazones de los hombres y de las mujeres. Parafraseando a san Juan de la Cruz, podríamos decir: «Donde no hay amistad, pon amistad, y sacarás amistad».
 
Pensemos, por ejemplo, en el tono excesivamente competitivo de algunas profesiones o ambientes. Esto a veces se traduce en una mentalidad pragmática o desconfiada, aunque esté envuelta en una buena educación meramente externa. Pareciera que, si se trabaja con otra actitud, el resultado será que los demás se aprovecharán de nosotros. Ciertamente, no podemos ser ingenuos, pero un ambiente así necesita ser purificado desde dentro, con personas que muestren un modo distinto de vivir. No hace falta presionar, gritar, engañar o aprovecharse de los demás, para conseguir metas laborales. Un cristiano tiene siempre presente que el trabajo es servicio. Por eso, aspira a ser un jefe, un colega, un cliente o un profesor de quien se puede llegar a ser buen amigo, sin que dejen de respetarse las normas propias de cada profesión.
 
También podremos conseguir ambientes propicios para la amistad evitando que se contagien de excesivo estrés, activismo o dispersión. Es verdad que, en nuestro agitado mundo, a veces es difícil conseguir la serenidad necesaria para tener nuevas amistades; también porque, incluso cuando se descansa, el ajetreo suele ir unido a modos de desconexión. Precisamente esta es una oportunidad para –con humildad y conociendo nuestra fragilidad– ofrecer a los demás un ejemplo atractivo, propio del que «lee la vida de Jesucristo»[9]: caminar tranquilos, sonreír, disfrutar del momento, contemplar, descansar con cosas sencillas, tener creatividad para hacer planes alternativos, etc[10].
 
Esperar en lo que nos une
 
Mantener una «actitud positiva y abierta ante la transformación actual de las estructuras sociales y de las formas de vida»[11], como recomendaba san Josemaría, facilita la amistad con muchas personas, también cuando hay distancias generacionales. Además, es preciso un profundo amor a la libertad ajena, sin caer en rigideces cuando algo admite ser visto de muchos modos. «Ciertas maneras de expresarse –recuerda el prelado del Opus Dei– pueden enturbiar o dificultar la creación de un ambiente de amistad. Por ejemplo, ser demasiado categórico al expresar la propia opinión, dar la apariencia de que pensamos que los propios planteamientos son los definitivos, o no interesarse activamente por lo que dicen los demás, son modos de actuar que encierran en uno mismo»[12].
 
Es verdad que, en varios lugares, se ha extendido una visión de la vida en la que es difícil aceptar algunos principios básicos de la ley moral. Esto supone que a veces, incluso, se niegue la posibilidad misma del amor de benevolencia: desear el bien del otro por sí mismo. Quizá aquel planteamiento encuentra en las relaciones humanas solamente un cálculo de utilidad o sentimientos de simpatía sin demasiado fundamento. Esto, como es lógico, puede convertirse en fuente de incomprensión y hasta de conflicto.
 
Es importante, ante esta situación, no confundir el diálogo propio de la amistad con la argumentación filosófica, jurídica o política; el diálogo amistoso no supone intentar convencer al otro de nuestras ideas, incluso cuando esas ideas sean formulaciones clásicas o magisteriales de algún tipo de verdad. Y esto no significa «no llamar a las cosas por su nombre» o perder la capacidad de discernir el bien del mal. Lo que sucede es que nuestros razonamientos tienen valor dentro de un diálogo solo cuando se parte de algún principio o autoridad común[13]. Aunque en la amistad también hay tiempo para la conversión personal, de ordinario es mejor buscar los puntos de acuerdo en lugar de subrayar lo que nos separa; es el lugar para ofrecer nuestra propia experiencia, sin grandes elaboraciones intelectuales, con toda la fuerza de quien comparte sus preocupaciones, tristezas y alegrías. Y siempre es importante escuchar, porque la amistad –como decía san Josemaría– más que en dar está en comprender[14].
 
Puede ayudarnos notar que la mayoría de las personas, la mayor parte del tiempo, viven movidas por los deseos profundos de todo corazón humano: amar y ser amadas. Ese deseo insaciable de sentido, de unidad, de plenitud, aunque pueda ser anestesiado durante mucho tiempo por múltiples razones, siempre vuelve a manifestarse. El buen amigo –aunque no siempre sea plenamente correspondido– sabe esperar; sabe estar ahí cuando los propios esquemas entran en crisis y el corazón se abre a la luz que ha intuido precisamente en el cariño del otro.
 
Una imagen de la paciencia de Dios
 
San Pablo, en el famoso himno de la caridad que escribe en su Epístola a los corintios, señala que «la caridad es paciente» (1 Cor 12,4). Por eso, el prelado del Opus Dei nos recuerda que «una amistad tiene mucho de don inesperado, por lo que requiere también paciencia. A veces, ciertas malas experiencias o prejuicios pueden hacer que la relación personal con alguien que tenemos cerca tarde un tiempo en llegar a convertirse en amistad. Igualmente pueden hacerlo difícil el temor, los respetos humanos o una actitud de prevención. Es bueno tratar de ponerse en el lugar de los demás y tener paciencia»[15].
 
San Josemaría animaba siempre a ir «al paso de Dios». En su vida es innegable la audacia apostólica con la que vivía, el arrojo –también humano– con el que salía al encuentro de las personas, aunque estuvieran muy lejos, aun poniendo en peligro su propia vida. Basta pensar en aquella conversación con Pascual Galbe, un juez amigo que había conocido durante su etapa universitaria; eran tiempos de persecución religiosa y el sacerdote sorteó varios peligros al acudir a su domicilio en Barcelona con la única intención de reencontrarse con su amigo. En una conversación previa, por las calles de Madrid, Galbe le había preguntado: «¿Qué quieres de mí, Josemaría?». A lo que el fundador del Opus Dei respondió: «Yo te quiero a ti. No necesito nada. Solo deseo que seas un hombre bueno y justo». Y lo mismo volvió a demostrarle en la siguiente ocasión, cuando acudió para escuchar sus confidencias en aquellos difíciles momentos, sin dejar de ayudarle a encontrar la verdad[16].
 
El fundador del Opus Dei no dejaba de recomendar aquella paciencia «que nos impulsa a ser comprensivos con los demás, persuadidos de que las almas, como el buen vino, se mejoran con el tiempo»[17]; debemos procurar tener con los demás la misma paciencia que Dios tiene con nosotros. Y es que, como recordó Benedicto XVI, «el mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres»[18]. Tener paciencia no quiere decir que no suframos, a veces, por la falta de correspondencia de otras personas a nuestro cariño, o porque vemos a algún amigo emprender caminos que probablemente no saciarán sus deseos de felicidad. Se trata, en realidad, de sufrir con el corazón de Jesús, identificándonos cada vez más con sus sentimientos, sin dejarnos llevar por la tristeza o la desesperanza.
 
La experiencia del perdón de los amigos es motivo de esperanza en los momentos más oscuros de la vida. La certeza de que un amigo nos espera, a pesar de nuestros desplantes, es para nosotros la viva imagen de Dios: ese primer amigo que aguarda a que volvamos a sus brazos de Padre y que nos perdona siempre.
 
Ricardo Calleja
 
[1] Tertuliano, Apologético, XXXIX.
 
[2] Cfr. San Ignacio de Antioquía, Carta a Policarpo, II.
 
[3] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 314.
 
[4] C. S. Lewis, Los cuatro amores, Rialp, Madrid, 2017, p. 78.
 
[5] San Josemaría, Surco, n. 191.
 
[6] Benedicto XVI, Carta encíclica Spe Salvi, n. 11.
 
[7] Cfr. san Josemaría, Camino, n. 973.
 
[8] Ibíd.
 
[9] San Josemaría, Camino, n. 2.
 
[10] Cfr. Francisco, Carta encíclica Laudato si’, nn. 222-223.
 
[11] San Josemaría, Surco, n. 428.
 
[12] Mons. Fernando Ocáriz, Carta 1-XI-2019, n. 9.
 
[13] Santo Tomás de Aquino, Quodlibet IV, q. 9, a. 3.
 
[14] Cfr. San Josemaría, Surco, n. 463.
 
[15] Mons. Fernando Ocáriz, Carta 1-XI-2019, n. 20.
 
[16] Cfr. Jordi Miralbell, Días de espera en guerra, Palabra, Madrid, 2017, pp. 75; 97 y ss.
 
[17] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 78.
 
[18] Benedicto XVI, Homilía 24-IV-2005, Misa de inicio de su pontificado.
 
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FragmentosjpgLa vida de cualquier persona, y también la de cualquier institución, está hecha de pequeños sucesos, de anécdotas, de encuentros, de retales, de fragmentos. De la mano de algunos historiadores, en esta serie de podcast iremos recorriendo diferentes acontecimientos de la vida de san Josemaría y de la historia del Opus Dei.
 
Podcast de la serie 'Fragmentos de historia'
 
San Josemaria hoySan Josemaría, hoy (16)
Boletín informativo sobre el fundador del Opus Dei, con el título “Un corazón que solo sabía amar”. Recoge varios textos de san Josemaría, del Papa Francisco, además de diferentes relatos de favores y testimonios.
 
1. La caridad en san Josemaría
 
“Los cristianos estamos enamorados del Amor: el Señor no nos quiere secos, tiesos, como una materia inerte. ¡Nos quiere impregnados de su cariño!”1. San Josemaría traducía muchas veces de manera libre el versículo Dios es Amor por “Dios es cariño”, para destacar la dimensión humana de la caridad cristiana.
 
La palabra corazón en la Sagrada Escritura alude a la totalidad del ser humano, con sus afectos, pensamientos, deseos, anhelos y decisiones. “El «corazón» hace referencia al «centro» de la persona desde el que brota todo pensamiento y toda acción. Es la sede del amor, mucho más que de los sentimientos, como a veces afirman algunos autores. San Josemaría lo señala con claridad: «Cuando hablamos de corazón humano no nos referimos sólo a los sentimientos, aludimos a toda la persona que quiere, que ama y trata a los demás. Y, en el modo de expresar- se los hombres, que han recogido las Sagradas Escrituras para que podamos entender así las cosas divinas, el corazón es considerado como el resumen y la fuente, la expresión y el fondo último de los pensamientos, de las palabras, de las acciones. Un hombre vale lo que vale su co- razón, podemos decir con lenguaje nuestro (...). Cuando en la Sagrada Escritura se habla del co- razón, no se trata de un sentimiento pasajero, que trae la emoción o las lágrimas. Se habla del corazón para referirse a la persona que, como manifestó el mismo Jesucristo, se dirige toda ella –alma y cuerpo– a lo que considera su bien: porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mt 6,21)»”2.
 
San Josemaría “ejemplificó en su vida lo que sig- nifica tener corazón. Dotado de cordialidad, de buen humor, de intuición profunda, de grandes pasiones, sabía manifestar el cariño con con- creción, también material, de atención huma- na (...). Lo que traslucía en su persona remitía a una fundamentación más honda (...): «Amar es tener el corazón grande, sentir las preocupa- ciones de los que nos rodean, saber perdonar y comprender: sacrificarse, con Jesucristo, por las almas todas. Si amamos con el corazón de Cristo aprenderemos a servir, y defenderemos la verdad claramente y con amor»”3.
 
1 Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, Rialp, Madrid 2002, n. 183.
 
2 Ugo Borghello, Diccionario de san Josemaría, voz “Corazón”, con cita de Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, Rialp, Madrid 2002, n. 164, Monte Carmelo 2013, p. 280.
 
3 Ibidem, con cita de Es Cristo que pasa, n. 158.
 
2. La caridad en lo ordinario
 
El papa Francisco, en la catequesis sobre el año de la fe, afirmó que “La caridad es la mayor riqueza de la Iglesia. Vivir la comunión en la caridad significa no buscar el propio interés, sino ser capaces de compartir las alegrías y los sufrimientos de los hermanos, ser capaces de llevar los unos las cargas de los otros”4.
 
En el quinto aniversario de la canonización de san Josemaría, don Javier Echevarría publicó un artículo titulado El resplandor de la caridad, en el que mostraba cómo el santo de lo ordinario practicó la caridad todos los días de su vida. Afirmaba don Javier que “La caridad cristiana no consiste jamás en algo instrumental, no busca obtener otros objetivos: el amor es gratuito”5. Para san Josemaría, vivir la caridad en la vida ordinaria reclamaba “corazón grande, sentir las preocupaciones de los que nos rodean, saber perdonar y comprender: sacrificarse, con Jesucristo, por las almas todas”6.
 
Como atestiguaba en Surco, la caridad no tiene que estar adecuada o ajustada a las necesidades de uno mismo, sino a la de los demás7. Así, “Ama y practica la caridad, sin límites y sin discriminaciones, porque es la virtud que nos caracteriza a los discípulos del Maestro. –Sin embargo, esa caridad no puede llevarte –dejaría de ser virtud– a amortiguar la fe, a quitar las aristas que la definen, a dulcificarla hasta convertirla, como algunos pretenden, en algo amorfo que no tiene la fuerza y el poder de Dios”8.
 
La doctrina de san Josemaría en torno a la caridad se basa en el amor de Cristo, “el amor de Jesús a los hombres es un aspecto insondable del misterio divino, del amor del Hijo al Padre y al Espíritu Santo”9. Como virtud, la caridad está llamada al progreso, al aumento, a crecer; de ahí que san Josemaría sostenga que sería ingenuo pensar que las exigencias de la caridad se cumplen con facilidad: siempre es necesario el empeño personal10.
 
4 Papa Francisco, Audiencia general, Roma 8.X.2013.
 
5 ABC, 6 de octubre de 2007.
 
6 Es Cristo que pasa, n. 158.
 
7 Cfr. Josemaría Escrivá, Surco, Rialp, Madrid 2002, n. 748.
 
8 Josemaría Escrivá, Forja, Rialp, Madrid 2002, n. 456.
 
9 Es Cristo que pasa, n. 169.
 
10 Cfr. Juan Ignacio Ruíz Aldaz, Diccionario de san Josemaría Escrivá de Balaguer, Voz “Caridad”, p. 198.
 
3. La libertad de amar
 
“No poseemos -señalaba san Josemaría- un corazón para amar a Dios, y otro para querer a las criaturas: este pobre corazón nuestro, de carne, quiere con un cariño humano que, si está unido al amor de Cristo, es también sobrenatural. Esa, y no otra, es la caridad que hemos de cultivar en el alma”11.
 
En la primera semblanza sobre san Josemaría, aparecida al año siguiente de su fallecimiento, Salvador Bernal escribió: “Como expresaba en septiembre de 1975 don Álvaro del Portillo, uno de los rasgos capitales del espíritu del Fundador del Opus Dei «era precisamente ese maravilloso engarce, en un corazón tan grande, en un alma que voló tan alto, con el amor a lo pequeño: a lo que se advierte solamente por las pupilas que ha dilatado el amor»”12.
 
“Ese corazón grande y apasionado, que tan fácilmente se identificaba con el sufrimiento ajeno, padeció lo indecible en los años cuarenta, porque las tremendas injusticias que sufrió ofendían a Dios, confundían a muchas personas y empecataban el alma de quienes las cometían. El Fundador del Opus Dei, que sabía querer, calló, perdonó y rezó, quitando importancia a su heroísmo”13.
 
“El corazón del Fundador del Opus Dei era de veras paterno. Por eso comprendía muy bien los sentimientos de todos los padres. Y por eso tenía siempre en cuenta a las familias de los miembros de la Obra. Cuando las necesidades del trabajo los llevaban lejos, les animaba siempre a que les escribieran con frecuencia, a que les dieran buenas noticias, a que les hicieran partícipes de su alegría: pues la dicha del hijo es lo que más alegra el corazón de unos padres”14.
 
Esta relación entre la caridad y las demás virtudes fue tratada ampliamente por san Josemaría. “Persuadíos de que un cristiano, si de veras pretende actuar rectamente, cara a Dios y cara a los hombres, necesita de todas las virtudes, por lo menos en potencia. Padre, me preguntaréis: ¿y de mis flaquezas, qué? Os responderé: ¿acaso no cura un médico que esté enfermo, aun cuando el trastorno que le aqueja sea crónico?; ¿le impedirá su enfermedad prescribir a otros enfermos la receta adecuada? Claro que no: para curar, le basta poseer la ciencia oportuna y ponerla en práctica, con el mismo interés con el que combate su propia dolencia”15.
 
Muchas más manifestaciones de la caridad entendida y practicada por san Josemaría se recogen en la reciente biografía Que solo Jesús se luzca16. Ilustrada con más de 300 fotos, mapas, infografías y textos autógrafos, facilita sintonizar con su vida a través de muchas imágenes vivas.
 
11 Amigos de Dios, n. 229.
 
12 Salvador Bernal, Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer. Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976, pp. 116-117.
 
13 Ibid, p. 254.
 
14 Ibid., p. 41.
 
15 Amigos de Dios, n. 161.
 
16 Jesús Gil-Enrique Muñíz, Que solo Jesús se luzca. Biografía ilustrada de san Josemaría, fundador del Opus Dei, Fundación Studium, Madrid 2019, 465 pp
 
4. Practicar la caridad sin límites
 
“No existe corazón (…) que no esconda, como el rescoldo entre las cenizas, una lumbre de nobleza. Y cuando he golpeado en esos corazones, a solas y con la palabra de Cristo, han respondido siempre”17. Una de las enseñanzas de san Josemaría es que las virtudes humanas componen el fundamento de las sobrenaturales, porque fomentan las disposiciones necesarias para los actos propios de éstas, especialmente los que se refieren a la caridad.
 
La cita anterior se incluye en una homilía de 1941 que se publicó precisamente con el título de “Virtudes humanas”. Allí considera entre otras: la fortaleza, serenidad, paciencia, magnanimidad, laboriosidad, diligencia, veracidad, sencillez, naturalidad, etc. Cuando habla de la prudencia, la denomina “sabiduría de corazón que orienta y rige otras muchas virtudes”. Al practicarlas, “el cristiano es uno más en la sociedad; pero de su corazón desbordará el gozo del que se propone cumplir, con la ayuda constante de la gracia, la Voluntad del Padre. Y no se siente víctima, ni capitidisminuido, ni coartado. Camina con la cabeza alta, porque es hombre y es hijo de Dios. Nuestra fe confiere todo su relieve a estas virtudes (…). Por eso el que sigue a Cristo es capaz –no por mérito propio, sino por gracia del Señor– de comunicar a los que le rodean lo que a veces barruntan, pero no logran entender: que la verdadera felicidad, el auténtico servicio al prójimo pasa sólo por el Corazón de Nuestro Redentor, perfectus Deus, perfectus homo ”18.
 
“Me produce una honda alegría considerar que Cristo ha querido ser plenamente hombre, con carne como la nuestra. Me emociona contemplar la maravilla de un Dios que ama con corazón de hombre”19.
 
Lo que podemos considerar una jaculatoria dirigida a Jesús: “Danos un corazón a la medida del Tuyo” son las palabras finales del n. 813 de Surco, que se refiere a la humanidad del Señor: “¡Gracias, Jesús mío!, porque has querido hacerte perfecto Hombre, con un Corazón amante y amabilísimo, que ama hasta la muerte y sufre; que se llena de gozo y de dolor; que se entusiasma con los caminos de los hombres, y nos muestra el que lleva al Cielo; que se sujeta heroicamente al deber, y se conduce por la misericordia; que vela por los pobres y por los ricos; que cuida de los pecadores y de los justos... –¡Gracias, Jesús mío, y danos un corazón a la medida del Tuyo!”20.
 
17 Amigos de Dios, n.74.
 
18 Ibid, n.93.
 
19 Es Cristo que pasa, n. 107.
 
20 Surco, n. 813.
 
Descarga el Boletín de san Josemaría, nº 16: Un corazón que solo sabía amar (PDF)
 
PortadaLa familia que retransmitió la crisis de la COVID desde su cuarto de estar
 
Una vieja colcha verde, una ventana y un cuarto de estar. Con estos elementos y mucha imaginación, cinco niños y sus padres -ligados al periodismo y la comunicación- han sacado adelante ‘Aróstegui TV’, un informativo en el que han ido narrando el día de la cuarentena a través de las redes. La iniciativa llegó a ser viral y los Aróstegui acabaron siendo protagonistas reales de las noticias.
 
“Buenas tardes, bienvenidos a la quinta edición de las noticias de Aróstegui Televisión”. Pablo (9 años) y Álvaro (4) arrancaban así cada domingo, y tras muchas tomas falsas, el informativo de televisión en cuya producción había trabajado esa semana toda la familia, en Palma de Mallorca. Desde mediados de marzo los siete se convirtieron en presentadores, editores, productores, maquilladores e imitadores de políticos y protagonistas de la actualidad.
 
En total han sido ocho los programas enteramente elaborados por toda la familia sin salir de casa. La iniciativa surgió cuando Pablo -publicista, aunque trabaja en una gestoría- y Vicky, su mujer -periodista y directora de un colegio- se preguntaron qué podían hacer para entretener dentro de casa durante el confinamiento a sus cinco niños: Miguel, Pablo, Álvaro, Lucía y Jaime, de 10, 9, 4, 3 años y 9 meses de vida.
 
Entre los dos se las ingeniaron para tener entretenidos a sus cinco retoños trabajando en un proyecto de comunicación auténtico y real: una imitación quasi exacta de unos informativos de televisión. En un tono positivo y optimista, sin olvidar lo dramático de la situación, prepararon un programa para cada domingo. Pablo, el padre, es conocido en Instagram como @paroste, y comenzó a difundir estos informativos a través de las redes.
 
Miles de personas siguieron los vídeos de los Aróstegui con imitaciones de Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, Pablo Casado o Santiago Abascal, además de los periodistas y presentadores de televisión Matías Prats y Vicente Vallés. Los medios pusieron el foco en esta original iniciativa, y la familia apareció en la revista Hola y en su cuenta de Instagram -holacom-, fue entrevistada en la Cope, en el programa Julia en la Onda, de Onda Cero, salió en Crónica Balear, el suplemento de El País Verne, el periódico Última Hora, IB3, e incluso en el programa Al rojo vivo de la cadena Telemundo de Miami.
 
Arostregui 1Con este pequeño proyecto, Vicky y Pablo han conseguido que sus hijos fueran entendiendo la situación, en la medida de sus posibilidades, y tuvieran las claves más importantes para llevar el confinamiento con alegría, sentido del humor, responsabilidad y mucha, pero que mucha ilusión. Lo que no exime de las clásicas peleas entre hermanos.
 
Durante este tiempo han tenido clases “extraescolares” de historia de España, de comunicación audiovisual, de estilismo e interpretación… Con ello han desarrollado capacidades como salir al paso ante un error y no enfadarse, mantenerse quietos y rigurosamente colocados en una postura correcta y amable, trabajar en equipo, habilidades de imitación, memorización y sincronización... Los pequeños han hecho además un auténtico máster en los valores que hacen que una sociedad prospere con éxito y en común acuerdo.
 
Cuenta Pablo que durante la preparación de las grabaciones ha habido momentos de tensión, que no todo ha salido rodado y que ha habido más de un apretón de dientes y auto tirones de pelos por desesperación. Las cosas como son.
 
Cada minifrase de Álvaro ha costado la vida pero causaba gran emoción en todos cada vez que conseguían grabarla. Con 4 años es ya todo un mini-presentador. Pablo, algo más serio, era el que daba poso y altura al noticiero. Y Miguel ha sido el imitador estrella, ya tiene carácter y gran capacidad de transformación. Lucía, como presidenta del Congreso, ha demostrado su arte para darle al martillo. Y a “JB”, que apenas tiene unos meses, lo sacaron en unos informativos recreando la primera salida a la calle de los niños... nadie ha quedado exento de participar en los informativos en esta familia.
 
ArosteguiEn su último informativo la familia elaboró un making of (“Así se hizo”), donde cada uno de los hijos explica cuál es su auténtica vocación profesional, ya que ahora todos tienen claro qué quieren ser de mayores.
 
El proyecto de los Aróstegui ha querido tener en cuenta la sostenibilidad y por eso han tirado de material rebuscando por casa, haciendo auténtico reciclaje: la peluca de Pablo Iglesias era de un disfraz de “Frozen” de Lucía, todas las corbatas de Pablo y los distintos y muy trabajados escenarios han dado el pego gracias a un edredón verde chillón que perteneció a la infancia de Vicky, con el que han puesto en juego la técnica del “croma”, que merecería un capítulo aparte.
 
Y ante la pregunta de por qué se ha liado con este proyecto, Pablo responde: “Yo siempre he estado convencido del bien que se puede hacer a través de las redes sociales. Soy supernumerario del Opus Dei y veo que es una gran oportunidad para educar a mis hijos y a la vez para apoyar a tantas familias dando un mensaje positivo, optimista. Esto es algo que puede hacer un bien que uno no es capaz de imaginar. En definitiva, una forma de educar creativa con material de toda la vida. Y es que ahí está el amor, cuando eres capaz de crear partiendo de lo que ya tienes, pero mirándolo con otros ojos, los ojos del corazón”.
 
Familia multietnica 1La familia de Loreto y Antonio es multicolor. Sus cuatro hijos, de entre 15 y 8 años, tienen la piel de todas las razas del mundo. El matrimonio no podía tener hijos y, tras nueve años, decidió dar un hogar a niños de diferentes orígenes.
 
Esta historia comenzó como suelen terminar los cuentos felices: una boda cuajada de proyectos y expectativas, y una pareja impaciente por convertirse en una familia con muchos niños. Pero pasaron los meses, luego los años, y los niños no llegaban.
 
Loreto y Antonio pusieron todos los medios que estaban a su alcance y comenzaron un camino de nueve años difíciles, en los que las palabras de aliento y los buenos consejos no servían: “Los médicos nos repetían que no había ningún problema y nos recomendaban que nos relajásemos. Pero ese consejo no funciona cuando tienes el deseo de formar una familia, porque al fin y al cabo te casas con esa ilusión”.
 
Loreto cuenta que nunca hasta entonces había rezado tanto y con tanta fe. “Un día –dice- me encaré con la imagen de la Virgen que tengo en mi habitación y le reproché: “¿Y tú por qué sí y yo no?”.
 
A los nueve años, ¡por fin!, llegó de China Irene. “Al coger en brazos y abrazar a mi hija por primera vez, sentí su olor y supe que era mía. Es una emoción muy difícil de describir”. Loreto sitúa en este hecho el momento en que por primera vez presintió lo que con el tiempo fue convirtiéndose en un convencimiento: “Me di cuenta de que no había tenido hijos biológicos porque mi vocación era ser madre adoptiva. Madre de ésta y de los que vendrían después. Que yo me había estado empeñando en un plan que no era el de Dios y que con el tiempo iría a buscar a los demás en el momento y en el lugar que Dios dispusiera. Estos tenían que ser nuestros hijos, y nosotros debíamos ser sus padres”.
 
Y así, con una cadencia que la madre naturaleza difícilmente hubiera podido superar, fueron llegando Antonio –andaluz, pero con la apariencia de un hindú–, Pablo –de raza negra, aunque nacido en España–, y la pequeña Loreto, también andaluza pero de piel clarita.
 
“Cuando por una serie de circunstancias sorprendentes nos ofrecieron a Pablo pensamos: a ver cómo encajamos esto, la niña china, un niño negro, otro con ojos azules… Pero los técnicos de la Junta de Andalucía nos aseguraron que para el niño eso iba a ser una ventaja”, recuerda Loreto. “Nos dijeron que es mejor que esté en una familia multiétnica: en la diferencia se sentirá más cómodo, más integrado desde el principio”.
 
La llegada de Loreto fue la más inesperada porque habían descartado adoptar uno más. “¿Pero quién dice que no cuando te ofrecen un bebé en desamparo? Es como si hubieran llamado a la puerta de nuestra casa y nos la hubieran dejado en el rellano. ¿Cómo vas a decir que no?”, considera.
 
Son muchos los niños y niñas cuya tutela asume la Administración después de que hayan sido abandonados o maltratados por sus padres, o una vez que se comprueba que carecen de un entorno familiar y social donde crecer y desarrollarse con normalidad. Son los menores declarados “en desamparo”. Y ese fue el caso de Loreto.
 
Varios colores, pero una sola raza
 
El mosaico, ahora sí, se había completado. Fue entonces cuando Loreto oyó por primera vez unas palabras de san Josemaría: ¡Todos somos iguales! Cada uno de nosotros valemos lo mismo, valemos la sangre de Cristo. Fijaos qué maravilla. Porque no hay razas, no hay lenguas; no hay más que una raza: la raza de los hijos de Dios. “Me emocionó y pensé que si todo el mundo sintiera en su corazón esta frase no nos distinguiríamos unos de otros y veríamos al resto de las personas con los ojos del amor, como las veía san Josemaría”, señala.
 
Su experiencia, sin embargo, le ha llevado a concluir que el racismo es una realidad que se comprueba cada día, y que sus hijos la sufren. Por ese motivo, la primera preocupación de Antonio y Loreto es proporcionarles las herramientas necesarias para que sepan enfrentar ese tipo de situaciones. Y la segunda, contribuir a erradicar esas actitudes a través de los padres y madres de distintos colegios, que con frecuencia les invitan a participar de sus reuniones con el fin de aprender a inculcar a sus hijos actitudes abiertas y positivas hacia las personas diferentes, sea por el motivo que sea. “Es fundamental, –y esto es lo que pretendo transmitir– que los padres integren a sus hijos en la diversidad”, defiende.
 
Algo que en su familia se vive con tanta naturalidad, y que enriquece a cada uno de sus miembros ampliando su visión del mundo, creciendo en tolerancia, en empatía, en acogida a todos…, en esa fraternidad de la que hablaba San Josemaría. “Crecer en esta diversidad te hace muy valioso”, dice.
 
Poder ayudar a muchos
 
Familia multietnica 2Poco después de recibir a Antonio, junto con algunas otras madres que se encontraban en su misma situación, Loreto creó la Asociación de Familias Adoptivas de Granada, que hace tres años recibió el premio ‘Andaluna’ de la Junta de Andalucía, que reconoce el trabajo de entidades, personas e instituciones en la divulgación de los derechos del niño. La asociación ofrece cada mes actividades tanto para los padres como para los hijos.
 
La adopción puede ser un proceso complejo y duro para quienes se internan en él por primera vez. Por eso una de las mayores alegrías de Loreto es poder echar una mano a esos matrimonios, tratando de allanarles el camino ante las dificultades que sin duda se irán encontrando.
 
A veces, por una serie de carambolas, la vida te la oportunidad de ayudar a una madre a quedarse con su hijo en lugar de darlo en adopción. En este caso, todos ganan.
 
Loreto comprende sin embargo que otras muchas mujeres, como las madres biológicas de sus hijos, no hayan podido tomar esa decisión y admira y agradece que hayan luchado por su vida cuando tenían todo de frente: “Yo estoy segura de que a las madres de mis hijos les hablaron de abortar. Por eso para mí que estas chicas tan jóvenes siguieran adelante con su embarazo sin la ayuda de nadie, sabiendo que por sus circunstancias no iban a poder quedarse con los niños me parece muy valiente. Aunque también creo, y me alegra pensarlo, que durante el embarazo se sintieron queridas por sus hijos, que se encontrarían tan solas que ese tiempo tan íntimo de tener a su bebé con ellas les debió ayudar mucho”.
 
Loreto ve todo lo que ha ido ocurriendo en su vida, como un regalo de Dios. “Asumir con enorme agradecimiento que mi vocación era ser madre adoptiva es un don que viene de arriba”, asegura: “Ha sido mi tabla de salvación”.
 
ProfesionalesEl coronavirus ha impuesto el confinamiento forzoso para la mayoría de la población. Pero no todos están en casa. Patrullando por las calles, atendiendo llamadas de emergencia, proporcionando medicamentos, ofreciendo información o cuidando a ancianos, miles de personas salen cada día de sus casas para que otros no salgan. Muchas veces expuestos al contagio, prestan un servicio clave para dar la vuelta a esta situación.
 
“Estos días ya no piensas en ti”. Manuel, coordinador de los teléfonos 'Salud Responde' de Andalucía.
 
‘Salud Responde’ es el teléfono de referencia en Andalucía para descubrir posibles positivos por coronavirus. Hasta la fecha, este servicio ha recibido más de 77.000 llamadas. El volumen de trabajo es ingente, tanto que el personal no logra atender todas las que reciben.
 
“La fe me ayuda muchísimo, porque aunque esté colapsado de trabajo sé que tengo la ayuda de Dios: nunca estoy solo”, explica Manuel. Las situaciones que vive cada día son duras, y a veces él también confiesa que siente cómo si perdiera la fe. Sin embargo, “cada mañana me levanto, ofrezco mi trabajo al Señor, y considero que estoy haciendo un bien a la comunidad, ayudando a gente que lo está pasando muy mal”.
 
En los dieciséis años que lleva trabajando en este servicio, Manuel no había vivido nunca una situación como ésta. Y eso que ha atendido servicios de enorme complejidad, como los de maltrato a menores o violencia de género. Pero esto es diferente. “Es un momento de locura, donde los protocolos cambian constantemente. Al principio no teníamos guantes ni mascarillas, ni material adecuado. A veces no damos abasto, y miles de llamadas se quedan sin atender. Es muy duro”, lamenta.
 
La adversidad está sirviendo, eso sí, para que el equipo de trabajo esté más unido, por encima de los modos de pensar y los diferentes estilos de vida de cada uno. “Todos estamos dando lo mejor; se nota una unión y una solidaridad que antes no había”, comenta.
 
Cada noche, en su oración personal, Manuel recuerda las personas que ha atendido y a aquellas que no ha podido atender. “Estos días ya no piensas en ti; cuando en casa te viene algún problema piensas en esas llamadas y ves que no puedes quejarte. No te acostumbras a esto, por muchos años que lleves tienes siempre en mente a estas personas y le pido a Dios por cada uno. Le digo: ‘ayúdales Tú’, eso me da fuerzas y me ayuda a tirar hacia delante”.
 
Confinando a la gente “con mucho amor”. Héctor, guardia civil.
 
Desde que empezó el estado de alarma, Héctor sale a patrullar con otro compañero, pero ambos circulan en vehículos separados. Está casado y tiene una hija, es del Opus Dei y trabaja como guardia civil de Tráfico en A Coruña. Allí trata de hacer cumplir el decreto dictado por el Gobierno, evitando que la mayor parte de la población salga a la calle, y tratando de reducir el número de accidentes en la carretera.
“Los guardias civiles estamos acostumbrados a la entrega y el sacrificio. Forman parte de nuestro día a día. Ahora salimos a la calle también con la preocupación de que puedes contagiarte, y de que eso supone contagiar a tu familia. Pero junto con eso tienes la fe y la esperanza de que Dios nos cuidará”, señala.
 
Su trabajo estos días consiste en hacer reflexionar a la gente que no puede aguantar en casa. “Les ayudas a canalizar eso, a que piensen en la suerte que tienen de estar vivos. Otros no pueden salir de sus casas porque están en un hospital”, relata.
 
Incluso cuando tiene que firmar una denuncia contra alguien, trata de no perder el buen humor, y de ver en eso un servicio. “Un día un sacerdote me preguntó cómo era capaz de denunciar a la gente. Le dije que lo hacía con mucho amor, que entregaba la copia del boletín con mucho amor y rezaba para que esa fuera la mayor de sus consecuencias, porque detrás de cada infracción suele estar la causa de un siniestro. Siniestro que se ha evitado al haberse encontrado con nosotros. Y eso hago estos días, 'confinar' a la gente con mucho amor”.
 
“Dios está tocando los corazones de todos”. Esther, fabrica el material para hacer viseras protectoras en 3D.
 
Escasean las mascarillas, y toda una comunidad de personas ha decidido poner sus impresoras 3D al servicio de la crisis sanitaria, y han empezado a fabricar desde sus casas viseras protectoras para los policías y el personal sanitario. Esther dirige en Granada una empresa dedicada a fabricar el filamento con el que se hacen estas viseras, que estos días están siendo solicitadas por hospitales e instituciones con urgencia.
 
“Un colectivo que parecía un poco friki, el de los ‘makers’ que utilizaban en sus casas impresoras 3D, ha demostrado una solidaridad tremenda. Muchos no tienen fe, pero a través de esta situación Dios está tocando los corazones de todos”, reflexiona.
 
Esther es del Opus Dei, acude cada tarde a su empresa para gestionar los pedidos de filamento, y cuando sale de casa se pone en manos de Dios con una jaculatoria: “Señor, Tú lo sabes todo”. Asegura que sin la fe y la ayuda espiritual que recibe la situación sería muy difícil de superar. Su labor cotidiana, sin embargo, ha adquirido estos días un sentido de servicio muy especial. “Ahora le sacamos al trabajo una rentabilidad mínima, pero eso da lo mismo si podemos ofrecer algo de seguridad a los policías o médicos y enfermeras que están al pie del cañón”, añade.
 
“Nos escucha mucha gente que quizás está en un hospital”. Mayte, periodista en una emisora de radio.
 
Veterana periodista, Mayte ha pasado por la prensa escrita y los gabinetes de comunicación. Ahora dirige el magazine de las mañanas en una radio local de Jaén. Nunca como ahora ha sido consciente de la importancia de informar, entretener y acompañar a miles de oyentes que la escuchan, confinados en sus casas, cada vez que se pone delante del micrófono.
 
“La radio es sobre todo compañía, en momentos que, para muchos, son de soledad”, dice. Por eso arranca cada día su programa con un tono positivo, alegre y cercano. “Somos conscientes de que nos escucha mucha gente que quizás está en un hospital, y queremos que nos sientan cerca”.
 
A Mayte el espíritu del Opus Dei también le ayuda a afrontar cada día la situación, salir a la calle y dar lo mejor de sí misma a través de las ondas. “En la radio se transmite todo, también el estado de ánimo. Por eso es importante estar bien. Yo me esfuerzo para estarlo, ofrezco esa tarea a Dios y trato de sacar lo mejor de mí misma, que es lo que al oyente le va a servir. Sin duda, creer en Dios me da una seguridad y una tranquilidad que si no, no tendría. Los que salimos a la calle estamos en peligro, y a veces entra miedo, pero también te sientes protegida”, considera.
 
Con el objetivo de ayudar a superar la situación, su programa combina testimonios de oyentes, que comparten en antena cómo llevan los días de encerrona en casa, con ideas sobre alimentación saludable, ejercicio, juegos o entretenimiento para niños. “El objetivo es que sean momentos para convivir más con la familia; aprovechar este tiempo para comunicarnos mejor, cuidar a los amigos y unirnos más a nuestros familiares”, señala.
 
La radio sirve también para dar información, dar a conocer las acciones solidarias de supermercados y centros comerciales, y para colaborar en la reducción del número de casos mediante campañas de concienciación como #QuédateEnCasa, además de otra dirigida a luchar contra las noticias falsas.
 
Desde que se declaró el estado de alarma, Mayte ha cambiado de horario para no coincidir en la radio con otros compañeros y evitar los contagios. Cada día abandona la emisora ya entrada la noche, y recorre las calles vacías hacia su casa, donde le esperan su marido y sus tres hijos. Lo hace, eso sí, con la satisfacción de haber prestado un servicio.
 
“Me está costando no darles besos y abrazos”. Lorena, auxiliar de enfermería en una residencia de religiosas.
 
Lorena siempre soñó con ser policía, pero se quedó fuera de la Academia por dos centímetros. No medía lo suficiente, y tras asimilar la noticia decidió aprovechar el curso estudiando auxiliar de enfermería. Se enamoró de su profesión, y ahora trabaja en una residencia de religiosas de edad avanzada en Tuy. Los únicos centímetros que le importan ahora son los que la separan de las monjitas a las que cuida, todas ellas de más de 90 años.
“Me está costando un montón no darles besos y abrazos, y eso que yo no soy de exteriorizar mis sentimientos, pero con ellas es diferente; son como niños pequeños, y me supone mucho mantener las distancias por el coronavirus. Mi trabajo supone un contacto con el paciente mucho más estrecho que el de un médico o una enfermera: los aseamos, nos cuentan sus problemas… Cumplimos todas las precauciones, pero sí o sí tiene que haber contacto”, relata.
 
La mayoría de estas monjas están enfermas o requieren cuidados especiales y no entienden lo que está pasando. Las que lo entienden, se dedican a rezar para que cambie la situación. Para Lorena, supernumeraria de Opus Dei, cuidarlas es “un orgullo”. Cuando era adolescente soñaba con ser policía, soñaba con servir a su país y al Rey. “Ahora me encuentro con que estoy sirviendo a personas que toda su vida han servido al verdadero Rey, que es Dios”, comenta.
 
“Los caminos de Dios no son los nuestros. Dios me llevó a una profesión de servicio absoluto. Y estoy muy contenta. Y lo que realmente me gusta es la gente mayor”, señala. Lorena no solo procura dar a estas religiosas los mejores cuidados; también las acompaña cuando se encuentran en el trance de la muerte. Así lo ha hecho ya con varias de ellas. “Es un trabajo muy gratificante, de contacto directo con el paciente”.
 
“Procuro rezar por cada persona que sube al autobús”. Tino, conductor de autobuses.
 
Tino tiene 60 años, y sale cada día a conducir uno de los autobuses públicos que circulan por Valladolid. Entre las tres de la tarde y las once de la noche recorre siempre la misma ruta, pero estos días lo hace con una sensación especial. “Me hace ilusión trabajar, y estos días tienen el valor añadido de poder realizar mi trabajo como un servicio público imprescindible”.
“Procuro rezar por cada uno de los que se suben al autobús y por sus familias. También me esfuerzo en evitar los frenazos y ‘arreones’, aunque no todos autobuses responden igual”, relata. En el vehículo no pueden viajar estos días más de 20 personas a la vez. Todos los pasajeros se comportan con una amabilidad especial.
 
“Mis compañeros saben que soy del Opus Dei y algunos aprovechan para pedirme que rece por ellos y por sus familias. Yo lo hago encantado y les animo también a rezar. Se nota que ha mejorado también el compañerismo entre todos”, cuenta.
 
Los paseos por la ciudad le sirven también para ir saludando al Santísimo, presente en los sagrarios de las iglesias por las que pasa, y que en casi todos los casos permanecen cerradas. “Es mi modo de acompañar al Señor y el momento de hacer una comunión espiritual. También rezo por las personas que van por la calle y por los compañeros conductores cuando me cruzo con otro autobús”. Otra ‘medida’ de seguridad que emplea antes de ponerse al volante es pedirle ayuda a su Ángel de la Guarda, y ofrecer el trayecto, “ese bendito trabajo de cada día, para que todos los pasajeros puedan decir que casi es un viaje de placer".
 
“Seguro que sacamos algo bueno de esta pandemia tan dañina”. Santi, en el mercado central de frutas.
 
Santi, de 62 años, trabaja en el mercado central de frutas de Valladolid, que cada madrugada abre sus puertas a las 4.30, hora a la que empieza la venta y los preparativos de los pedidos. Estos días hay menos actividad: sólo las tiendas y las residencias de la tercera edad. “Cuidamos con precaución la higiene. El protocolo en el recinto del mercado es el uso de guantes y mascarillas y dispensadores de solución”. Santi es del Opus Dei, y mientras trabaja aprovecha para rezar por los mayores que viven en esas residencias, “pues son personas más vulnerables y que tienen estos días una especial sensibilidad. ¡Cuánto me alegra que coman buenas naranjas de Levante! Con ellas van mis oraciones para todos”.
 
El ambiente estos días es un poco tenso, según relata, pues a veces el miedo se apodera de las personas y toda precaución es poca. “Hay comentarios de todas clases, desde el que nunca reza hasta el que pide a Dios para que se curen los enfermos; nunca he oído tantas imploraciones como en estos días. El jueves pasado vino un camionero de Murcia y en la cabina tenía el rosario. Le pregunté si lo utilizaba; él me dijo que era su acompañante y más en estos días. Como este caso tengo cien historias más”.
 
“A veces pienso que de esta pandemia tan dañina seguro que sacamos algo bueno, sobre todo la sensibilidad hacia las demás personas y un acrecentamiento de la fe, que mucha gente ya tiene, pero que, por lo que sea, no manifestaba”, considera.
 
“La gente se está portando increíblemente bien”. María, farmacéutica en un pueblo de Galicia.
 
María nunca pensó que viviría escenas como las de estos días: puntos para que la gente espere a distancia mientras se la atiende, aforo limitado, limpieza sobre las superficies con cada cliente, mascarillas, espacios de más de un metro y medio entre el personal, pijamas especiales que se desinfectan y un cañón de ozono para limpiar el aire. Y, sobre todo, el nerviosismo que genera la incertidumbre.
“La gente no sabe, y necesita que se le expliquen cosas como el funcionamiento del sistema inmunitario. Algunos vienen asustados y otros con incredulidad. Los hay incluso que se comportan como si no fuera con ellos. Pero la gente se está portando increíblemente bien: no tiene tanta prisa, no pone mala cara si no hay lo que busca, o si tiene que compartir el pedido con otros clientes. Se ve mucha generosidad”, relata.
 
María se emociona cuando cuenta cómo afronta estos días: “Me ayuda pedirle ayuda a la Virgen. Como farmacéutica mi patrona es la Inmaculada Concepción, y la tengo en la farmacia. Hay momentos en los que le pido que nos eche un cable, que su manto nos proteja. Soy “egoísta” y empiezo pidiendo por mi familia, pero conforme pasa el día intento rezar por las personas que vienen a la farmacia, por cada persona que tengo delante y todo lo que tiene que ver con ella. A veces me da miedo todo lo que puede suceder, pero lo pongo en manos de Dios”.
 
Pese al estado de alarma, cree que el confinamiento puede servir para algo positivo: “estar más serenos, saber que en la vida hay cosas más importantes que correr para un lado y otro y no llegar a ningún sitio. Estos días todo el mundo está sacando lo mejor de sí”.
 
confinamientoLas siguientes historias muestran cómo, aunque estemos limitados físicamente, la creatividad y la pasión por el bien pueden traspasar muros e incluso océanos, y no saben de confinamientos.
 
Una recién licenciada -a la que el coronavirus sorprendió mientras daba sus primeros pasos en el mundo profesional- compartía el otro día a varias amigas su reflexión sobre los tiempos que estamos viviendo, marcados para muchos de nosotros por la obligación de estar en casa sin poder movernos.
 
Les decía: “Nuestro tesoro lo llevamos dentro de nosotros, y no puede encerrarse entre cuatro paredes”. Fernando Ocáriz nos ha invitado, al poco de ser elegido como prelado del Opus Dei, a poner en juego la “imaginación de la caridad”.
Las siguientes historias muestran cómo, aunque estemos limitados físicamente, la creatividad y la pasión por el bien pueden traspasar muros e incluso océanos, y no saben de confinamientos.
 
1. #TiempoEntreCosturas
 
Tucha recuperó su máquina de coser.
Tucha vive en Rivera, una ciudad al norte de Uruguay. Hace pocos días recibió un mensaje de WhatsApp de una amiga. Aunque en ese momento todavía no había casos de coronavirus en la zona, el Ministerio de Salud Pública pedía la ayuda de voluntarios para coser sobretúnicas para el personal de salud, previendo que quizá harían falta más de los que podrían llegar a conseguir.
 
Aunque hacía varios años que no usaba su máquina de coser, decidió ofrecerse. Una doctora llevó a su casa la tela TNT celeste, elástico para los puños y un modelo. Esa visita fue una sorpresa: “Era la pediatra que atendió a mis seis hijos, ¡que hacía mucho tiempo que no veía!”. La médico le aseguró que había reconocido su voz cuando llamó para sumarse como voluntaria.
 
Ya con todo el material, intentó prender su máquina de coser, que había estado mucho tiempo guardada. Sin embargo, no funcionaba. La correa estaba rota y el motor se recalentaba, incluso podía ver chispas adentro. Miguel, su esposo, se sumó a la misión. Desarmó la máquina, arregló el motor e hizo una correa nueva con cuero que tenían en la casa. Quedó perfecta. Tucha comenzó a coser y, cuando terminó la primera sobretúnica, le pidió a su esposo que se la probara para comprobar que estaba bien. Trabajo en equipo.
 
Después de pasar horas entre costuras, Tucha comparte sus impresiones: “Todo el trabajo era nuevo y estaba muy nerviosa. Cada paso en la confección de la túnica era como una montaña delante de mí, pero pensaba en Jesús y se lo regalaba a Él. También le pedía ayuda a mi Ángel. Además, pensaba en san Josemaría, quien nos enseña que de pequeñas cositas podemos hacer algo grande, ¡y de esa manera irnos haciendo santos!”.
 
2. #TodoSaldraBien
 
Sin movernos de Uruguay, María José ofrecía recientemente una entrevista a un canal de noticias de su país, en la que explicaba una iniciativa que ha iniciado con colegas psicólogos y psiquiatras para estos días en los que hay que permanecer en casa: un servicio telefónico en el que profesionales de la salud mental ofrecen sus servicios de forma gratuita para ayudar a quienes el aislamiento se les vuelve difícil.
 
María José está casada y tiene cuatro hijos. Dentro de su profesión, se ha especializado en psicología positiva y terapia familiar. Dirige la Asociación Jóvenes Fuertes, que promueve la formación de niños y jóvenes a través del desarrollo de virtudes, fortalezas de personalidad y habilidades. Otra de sus iniciativas, junto a una amiga, fue desarrollar audios que se emiten por podcast en Spotify sobre psicología positiva. El proyecto se llama “Sé feliz, deja huella” y en estos días incluye episodios como “Desafío familiar para llevar adelante el coronavirus” y “Ansiedad en tiempos de incertidumbre”.
Durante la entrevista televisiva mencionada antes, dio algunos consejos para afrontar la situación de pasar varios días sin salir de casa. Explicó que es normal que durante este momento haya un aumento de la ansiedad y el malestar, pero aseguró que lo importante es “no focalizarse en eso”, sino “desarrollar pautas de salud”. Mencionó la relevancia de tener un horario y de buscar actividades que nos ayuden a centrarnos en algo concreto, como pueden ser el ejercicio o el participar de los servicios religiosos online.
 
Explicó la importancia de encontrar la manera de estar cerca, aunque sea a la distancia, en especial con los que viven solos: “Se están viendo hoy en día iniciativas preciosas de ayudas solidarias. Esto hace bien a muchas personas y hace muy bien al que ayuda. Entonces, es importante la apertura al otro, hacer un llamadito, mandar un mensaje, estar atentos al cuidado de los demás. Descentrarme de que yo estoy pasando mal, para ver que hay otras personas que también están pasando mal y que también necesitan de mi ayuda. Cuidarme y cuidar a otros”.
 
Gaby y Marie tuvieron una idea parecida a la de María José, dirigida a gente joven. Las dos viven en Nueva York, donde la pandemia está siendo particularmente agresiva. En cuanto el gobierno de Estados Unidos decretó el aislamiento para la ciudad, sus neuronas empezaron a darle vueltas a qué hacer para difundir contenidos útiles y positivos en lengua inglesa. Así nació la serie de podcasts “Corona: use it; don’t lose it” (algo así como, “Corona: ¡aprovéchalo!”), sobre cómo hacer rendir al máximo la situación única provocada por el brote de coronavirus. En los diferentes capítulos dan voz a estudiantes de diferentes puntos del país que comparten sus consejos: cultivar las amistades, aprovechar para leer, cómo adaptarse el nuevo ritmo de clases online, o cómo mantener el buen humor y la motivación.
 
3. #CartasDelAlma #CartasCovid
 
Verónica, coordinadora de la ONG Impulso Social de Argentina, cuenta cómo el deseo de ayudar a los afectados por la pandemia se activó en numerosas jóvenes voluntarias que suelen participar en sus actividades pero, ¿cómo dar una mano sin poder salir prácticamente de casa? En un primer momento, las animaron a “impulsarse” en sus propias casas y así algunas se pusieron a cocinar, a ayudar a los hermanos con la tarea, a mantener el buen ánimo familiar… Pero su afán de dar una mano iba más allá y, de nuevo, la tecnología fue la gran aliada.
 
La madre de una de las voluntarias les compartió una iniciativa que había arrancado en España -donde la pandemia llegó semanas antes y de forma agresiva-. Contactaron con la cirujano Cristina Marin Campos, que trabaja en el Hospital de La Princesa en Madrid y ha empezado la campaña “Carta con alma”, a través de la cual el personal sanitario se compromete a hacer llegar a los pacientes ingresados por COVID-19 cartas de ánimo que se envíen a varias direcciones de mail que se han creado para ello.
 
Muchas estudiantes que colaboran con Impulso Social se sumaron desde diferentes ciudades de Argentina para escribir cartas. En ellas cuentan quiénes son, dan ánimo a los enfermos y, quien quiera, deja su mail para que puedan responderles. De este modo, acompañan a quienes están más aislados y sus misivas, llenas de cariño, crucen el “charco”, pasando de un lado a otro del Atlántico. Según afirma Verónica, “Impulso Social está jugando un papel muy importante en esta cuarentena, especialmente entre las familias. Antes trabajábamos más con cada voluntaria, pero ahora al estar todos en la misma casa, se están involucrando todos los miembros de la familia. Cuando empezamos la iniciativa de las cartas, muchas nos preguntaron: ¿pueden participar mi papá, mi mamá, mi hermana? Es algo bueno que nos va a dejar esta situación, pues en futuros casos de necesidad más gente se sumará a ayudar”. Se puede saber más sobre la ONG y sobre esta propuesta en su cuenta de Instagram.
 
Otra actividad similar se ha puesto en marcha en Monterrey (México), donde un grupo de estudiantes universitarias y jóvenes profesionales ha creado la cuenta @apadrinaonline, con el fin de acompañar desde su “trinchera” a los afectados por el COVID19 a través de la oración, mensajes de aliento y presencia virtual. Además de enviar cartas a los enfermos, se ofrecen a acompañar a agentes sanitarios rezando por ellos, enviándoles mensajes e incluso algún detalle a través de mensajerías a domicilio. También se ocupan de atender a personas mayores, a la que llaman por teléfono. En una semana, han escrito cartas a 14 pacientes, han “apadrinado” a 218 empleados del sector de la salud y han hecho compañía a 326 enfermos o ancianos.
 
 
90 aniversarioCon ocasión del próximo 90º aniversario del 14 de febrero de 1930, ofrecemos dos reportajes que se publican en la página web del Opus Dei, y la Carta en la que Mons. Ocáriz nos anima a dar muchas gracias a Dios por el don que concedió a la Obra y a la Iglesia.
 
 
 
 
 
 
 
Inma AlvaEmprendedoras, entusiastas, llenas de fe: así eran las primeras
 
Entrevista a ​Inmaculada Alva, especialista en la historia del Opus Dei: “De las primeras mujeres de la Obra destacaría su capacidad de emprendimiento, su entusiasmo y la fe contra cualquier dificultad”.
 
 
 
Victoria«Todavía espero ver algunas cositas más»
Victoria López-Amo es la mujer que lleva más tiempo en el Opus Dei. En mayo de 2019 cumplió cien años. Española de origen y guatemalteca de nacionalidad, ama con intensidad la vida, de la cual espera todavía más. Al cumplirse el 90 aniversario del 14 de febrero de 1930, recogemos algunas impresiones de una de las primeras que siguió a san Josemaría.
 
 
 
 
MarceloLa Congregación de las Causas de los Santos ha decretado el "nihil obstat" para la apertura de la causa de canonización del joven brasileño Marcelo Câmara. La Causa se lleva a cabo en la diócesis de Florianópolis (Brasil).
 
El próximo 8 de marzo, Mons. Wilson Thaddeus Jönck, arzobispo de Florianópolis, Brasil, inaugurará el Tribunal Diocesano para investigar la vida, las virtudes y la fama de santidad de Marcelihno, como lo llaman sus familiares y amigos.
Marcelo murió el 20 de marzo de 2008 a los 28 años a causa de una leucemia. Dio testimonio ejemplar de vida cristiana, viviendo los momentos ordinarios de la vida de una manera extraordinaria.
 
A través del Movimiento Emaús había experimentado una profunda conversión; más adelante conoció el Opus Dei y en 2006 pidió ser admitido como miembro supernumerario. Después de cursar la carrera universitaria de Derecho, dio clases en la universidad y aprobó la oposición de fiscal.
 
El padre Vitor Feller, postulador de la Causa, afirma que “en medio de los desafíos de un mundo altamente secularizado, Marcelo nos confirma que la santidad es posible y es un llamado para todos los estados de la vida. Es posible ser joven y ser santo”.
 
Cada causa de canonización cuenta con un postulador, es decir una especie de abogado que colabora con el tribunal diocesano nombrado por el Obispo para investigar la vida del candidato, que, a partir de ese momento, puede ser llamado siervo de Dios. Una vez concluido el proceso, si el dictamen es positivo, la persona es declarada venerable. Para llegar a ser beato, es necesario probar un milagro a través de su intercesión. La canonización requiere la prueba de un segundo milagro.
 
La Asociación Marcelo Henrique Câmara, promotora de la causa, agradece las oraciones, las comunicaciones de gracias recibidas por su intercesión y las contribuciones financieras para el desarrollo del proceso.
 
 
 
SylvieSylvie, cooperadora de Canadá: firmes en la fe
Madre de tres hijos adolescentes, Sylvie vive en Canadá y es cooperadora del Opus Dei. Recibe formación para conocer mejor a Jesucristo. Piensa que la formación cristiana le ayuda a ser firme en la fe, y esto se transmite por contagio a los demás.

AlviraLa Fundación Beta Films ha editado un nuevo documental sobre la historia de Tomás Alvira y Paquita Domínguez, un matrimonio en proceso de beatificación. Varios hijos del matrimonio y algunos amigos que los trataron muy de cerca relatan que el cariño, la ilusión, la serenidad y el buen corazón formaban parte del ambiente que se vivía en casa de los Alvira.

Enlace a la página web del Opus Dei con desatalles de la noticia y otros enlaces.

san josemara hoy 15 1 638Boletín informativo sobre el fundador del Opus Dei, con el título “La libertad, un regalo de Dios”. Recoge varios textos suyos, del Papa Francisco, además de diferentes relatos de favores y testimonios.

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Enlace a la noticia de la página del Opus Dei.

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