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Harambee lanza un simposio sobre ideas experimentales para hacer frente a las actuales crisis mundiales. Reunirá a personalidades de diferentes ámbitos y marcará el inicio de iniciativas concretas en el contexto del centenario del Opus Dei, fundado por san Josemaría Escrivá, en cuyas enseñanzas y mensaje se inspira Harambee.

 Harambee Africa International celebra sus veinte años de compromiso con la solidaridad internacional y la comunicación sobre África, reuniendo a autorizadas personalidades dedicadas a la búsqueda y aplicación de soluciones innovadoras a los problemas sociales globales más actuales.
 
La pandemia, el conflicto en Europa y en otros continentes, así como la emergencia climática, afectan a diversos sectores y ámbitos de la vida en general. Por otra parte, el tercer sector siempre ha contribuido de forma significativa a resolver importantes problemas sociales. Ante la creciente sensación de incertidumbre sobre el futuro, es esencial reforzar la unidad y la colaboración para crear respuestas solidarias y sostenibles.
 
Harambee desea, por tanto, ofrecer un espacio de reflexión y confrontación para explorar estrategias y acciones innovadoras entre actores de organizaciones públicas o privadas, locales, nacionales o internacionales, de inspiración religiosa o de motivación cívica, en un clima de colaboración y dentro de objetivos comunes.
 
El Simposio se celebrará en Roma los días 28, 29 y 30 de septiembre de 2022 y constará de varias sesiones (descargue el programa).
 
El primer día –bajo el lema “Escuchar y aprender”– se dedicará al diálogo entre personas de diferentes creencias y responsabilidades. Se celebrarán dos mesas redondas: en una se analizarán los retos sociales a los que se enfrentan y las respuestas efectivas de los proyectos; en la otra, los profesionales compartirán sus experiencias en diferentes ámbitos y contextos internacionales.
 
La segunda jornada iniciará con una intervención del prelado del Opus Dei. A continuación, distribuidos en distintos talleres y puestas en común, hablarán personas que, inspiradas por san Josemaría, desarrollan iniciativas de carácter social en todo el mundo. Esta jornada tiene como horizonte el centenario de la fundación del Opus Dei.
 
En el último día –“Agradecer y celebrar”– el foco se pondrá sobre la "innovación social y la juventud en África": una oportunidad para reunirse, recordar los orígenes y repensar la misión y los objetivos de Harambee, mirando al futuro con los ojos y el corazón de un continente lleno de jóvenes.
 
Además, en la tercera jornada se premiarán las buenas ideas y proyectos de algunos jóvenes emprendedores africanos, y se presentarán documentales y reportajes que ofrecen al mundo una imagen fiel de unas tierras ricas en humanidad.
 
 
 

A way of sanctificationEste vídeo muestra los testimonios de diversas personas que han conocido el mensaje de san Josemaría y que tratan de vivir su fe cristiana en Hong Kong

 

Nuestro trabajoEn este artículo publicado en la web del Opus Dei descubriremos algunas virtudes del trabajo que se esconden en una imagen que usó Jesús: la de aquella mujer que hace pan para muchas personas. El desafío es transformar nuestras tareas diarias en amor para quienes nos rodean.

El trabajo, con sus objetos y sus rutinas, era quizá la realidad que mejor conocían quienes escuchaban a Jesús. Por eso en su predicación aparece con tanta frecuencia y desde tantos ángulos diversos. Ahí está el sembrador que arroja la semilla en el campo, el negociante que busca perlas finas, el pescador que lanza la red en el mar... Un día, para explicar algo tan importante como el modo en que Dios obra en el mundo, Jesús se fija en una de las tareas más ancestrales: la de elaborar el pan. «¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda» (Lc 13,20). Así se desarrolla el Reino de Dios en la historia: codo a codo con nosotros, al compás de nuestro trabajo cotidiano, fermento que se inserta en el trabajo de Dios y que transforma el mundo desde dentro. Como dirá Jesús en otra ocasión, «mi Padre no deja de trabajar, y yo también trabajo» (Jn 5,17).
 
Con esta figura de la mujer que fermenta la harina, el Señor reviste de una dignidad inmensa una tarea que, de tan normal, parecería casi fuera de sitio. Quienes escuchaban al Señor tal vez imaginarían que, para describir algo tan trascendental como el desarrollo del Reino de Dios, habría sido más adecuado pensar en el trabajo de un noble de la época, o en las tareas de quienes se encargaban más directamente de las cosas religiosas. Pero el propio Jesús, siendo el Hijo del Altísimo, había ejercido un trabajo manual, sencillo. De modo que, en lugar de referirse a un puesto de influencia política, de eficacia económica, o de prestigio social, pensó en la labor de esas personas discretas que se despiertan temprano, antes que los demás, para que pueda llegar a tiempo ese pan de la primera comida, que usualmente dura apenas unas horas en su mejor estado.
 
Tres medidas de harina
 
Al describir la escena de esta mujer que trabaja la masa, Jesús menciona un detalle muy sugerente: la cantidad de harina. En el mundo judío de la época, tres «medidas» de harinaequivalían aproximadamente a veintidós litros de masa, con lo que se podía producir pan para dar de comer a un centenar de personas. Tal cantidad de harina nos indica que la mujer no está trabajando solo para su propia familia, por numerosa que sea. Su tarea parece dirigirse más bien a una necesidad de la comunidad. No es difícil, pues, imaginarla en plena labor, poniendo el corazón en quienes disfrutarían de todo ese pan. Porque así sucede en todo trabajo: nuestra tarea nos pone en relación con los demás, nos ubica en algún lugar desde el que contribuimos al bien de los otros. De hecho, «las alegrías más intensas de la vida brotan cuando se puede provocar la felicidad de los demás, en un anticipo del cielo. Cabe recordar la feliz escena del film “La fiesta de Babette”, donde la generosa cocinera recibe un abrazo agradecido y un elogio: “¡Cómo deleitarás a los ángeles!”. Es dulce y reconfortante la alegría de provocar deleite en los demás»[1].
 
Tanto pan, para tanta gente, supondría un tiempo y un esfuerzo considerables. Pero esta mujer encara el reto y persevera en su labor «hasta que fermenta toda» la masa (Lc 13,20). Acabar la tarea emprendida, y acabarla bien, requiere fortaleza, concentración, perseverancia, puntualidad… Conseguir trabajar como esta mujer requiere sobreponerse a la pereza, que es de ordinario «el primer frente en el que hay que luchar»[2]. En ese sentido, sabemos que san Pablo no lo pensó dos veces a la hora de corregir la ociosidad que se había infiltrado entre los primeros cristianos de Tesalónica. Algunos de ellos pensaban que la segunda venida del Señor era inminente, y se decían que trabajar no tenía ya mucho sentido; vivían, pues, «sin hacer nada, solo ocupados en curiosearlo todo». Sin embargo, Pablo les dice: «El que no quiera trabajar, que no coma» (2 Ts 3,10-11).
 
El Padre nos ha hablado de las potencialidades que tiene el trabajo, también el que nos cuesta un poco más, cuando encontramos en él un lugar de amor y de libertad: «Podemos cumplir con alegría también los deberes que puedan resultar desagradables. Como nos dice san Josemaría, “no es lícito pensar que sólo es posible hacer con alegría el trabajo que nos gusta”. Se puede hacer con alegría ―y no de mala gana― lo que cuesta, lo que no gusta, si se hace por y con amor y, por tanto, libremente»[3].Esto rige incluso para dificultades en torno a la propia situación laboral, como pueden ser un momento de paro o de enfermedad, la pérdida de energías con el paso de los años, tensiones o incertidumbres en el propio sector, etc. San Josemaría, consciente de lo habituales que son ese tipo de situaciones en la vida, decía con realismo que «la enfermedad y la vejez, cuando llegan, se transforman en labor profesional. Y así no se interrumpe la búsqueda de la santidad, según el espíritu de la Obra, que se apoya, como la puerta en el quicio, en el trabajo profesional»[4].
 
Cuando el amor está de por medio
 
Son muchas las razones que nos pueden llevar a perseverar en una tarea honesta: la responsabilidad por sacar adelante a quienes dependen de nosotros, el deseo de servir a los demás, la ilusión de crear algo nuevo, etc. Sin embargo, también las buenas intenciones pueden adoptar progresivamente formas de amor propio, como el afán de reconocimiento, o los deseos de lucirse y aparentar ante los demás. Otras veces nos puede asediar la tentación de trabajar demasiado: un desvío sutil, que suele disfrazarse de virtud. El perfeccionismo y el eficientismo –o workaholism– se encuentran en este género de desorden. Lo que en su origen era un empeño por hacer las cosas bien, y de manera eficaz, puede derivar en lo que san Josemaría llamaba «profesionalitis»[5]: una dedicación excesiva al trabajo, que quita casi todo el tiempo a lo demás. «Vuestro trabajo —escribía en una ocasión— ha de ser responsable, perfecto, en la medida en la que la tarea humana pueda ser perfecta: con amor de Dios, pero teniendo en cuenta que lo mejor suele ser enemigo de lo bueno. Haced las cosas bien, sin manías ni obsesiones, pero acabándolas, poniendo siempre la última piedra y cuidando los detalles»[6].
 
El problema de la «profesionalitis» no estriba tanto en la manera en que se trabaja, como el peso que se da al trabajo en el horizonte de la vida. Es muy bueno, también para la salud mental y corporal, no perder de vista que el trabajo se ordena a una misión más grande, y que solo esa misión da sentido a la existencia de un hijo o una hija de Dios. La prudencia nos ayudará a integrar nuestro trabajo, aquí y ahora, dentro un horizonte que va mucho más allá del mismo trabajo. Un horizonte que está hecho no de objetivos, ni de plazos, sino de personas: empezando por Dios, que cuenta con esos momentos en que cuidamos especialmente nuestra relación con él, y siguiendo —también está allí el Señor esperándonos— por quienes nos rodean, que necesitan nuestro tiempo, nuestro afecto, nuestra atención.
 
La imagen de la mujer que amasa el pan nos pone ante los ojos la mejor razón para trabajar. Ella transforma su trabajo en un don, en una bendición: además de pan, la mujer da amor, porque cuando hacemos un regalo a alguien «lo primero que le damos es el amor con el que le deseamos el bien»[7]. La mujer no se limita a dar al prójimo lo que le corresponde; porque, cuando el amor está de por medio, es uno mismo el que se da. Por esto decía san Josemaría que no podemos limitarnos «a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor y conduce al amor»[8]. Cuando alguien trabaja así por nosotros, nos conduce al amor, porque nos hace entrar en la lógica del don: un amor engendra otro, como una sonrisa engendra otra, transformando uno a uno los corazones. El amor de esta mujer, expresión del amor de Dios, es la levadura viviente que transforma, como un don suyo, a los que reciben el pan que ha trabajado con sus manos.
 
El mundo entero es altar para nosotros
 
La alusión a las tres medidas de harina tiene aún otro significado, que se entiende desde sus precedentes bíblicos: se trata de la misma medida que ofrecen Abrahán y Sara para honrar a los tres varones misteriosos que los visitan en Mambré (cfr. Gn 18,6), y también es la medida que usa Gedeón para ofrecer un sacrificio que el Señor consume con el fuego de un ángel (cfr. Ju 6,19-21). Tal vez para algún judío que escuchaba a Jesús, la sola mención de las medidas de harina evocaría estas acciones sagradas (a pesar de que los sacrificios se solían hacer sin levadura). Con esta alusión, el Señor parece querer recordarnos que el trabajo de esta mujer es una ofrenda a Dios, como lo puede ser el nuestro cuando lo unimos a la santa Misa. Convertimos así lo humano, nuestras horas de trabajo, en algo santo. Y entonces se realiza aquello tan hermoso de que «el mundo entero (…) es altar para nosotros»[9].
 
San Josemaría nos animaba a hacer de la Eucaristía «el centro de la vida interior, de tal manera que sepamos estar con Cristo, haciéndole compañía a lo largo de la jornada, bien unidos a su sacrificio: todo nuestro trabajo tiene ese sentido. Y esto nos llevará durante el día a decir al Señor que nos ofrecemos por Él, con Él y en Él a Dios Padre, uniéndonos a todas sus intenciones, en nombre de todas las criaturas. Si vivimos así, todo nuestro día será una Misa»[10].
 
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La imagen de esta mujer con las manos en la harina se remontaba seguramente a la infancia de Jesús. ¿Quién sabe? Quizá incluso se trataba de su madre, santa María, que tantas veces preparó el pan. La imaginamos concentrada en su trabajo, poniendo de su parte lo necesario para que el proceso natural de la levadura siguiera su curso. Como sucede en nuestro trabajo: cuando lo hacemos cara a Dios, dejamos que él se sirva de nuestros esfuerzos para extender su reino, con su levadura divina. Así se lo hizo ver a san Josemaría: «Contemplo ya, a lo largo de los tiempos, hasta al último de mis hijos (…) actuar profesionalmente, con sabiduría de artista, con felicidad de poeta, con seguridad de maestro y con un pudor más persuasivo que la elocuencia, buscando —al buscar la perfección cristiana en su profesión y en su estado en el mundo— el bien de toda la humanidad»[11].
 
Javier del Castillo
 
[1] Francisco, Ex. ap. Amoris Laetitia, n. 129.
 
[2] San Josemaría, Cartas 2, n. 10.
 
[3] Mons. F. Ocáriz, Carta pastoral, 9-I-2018, n. 6.
 
[4] San Josemaría, Apuntes de la predicación, citado en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 165.
 
[5] Cfr. san Josemaría, Surco, n. 502
 
[6] San Josemaría, Cartas 36, n. 38; citado en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, vol. III, pp. 189-190.
 
[7] Santo Tomás de Aquino, Suma teológica, I, q. 38, a. 2, resp.
 
[8] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 48.
 
[9] San Josemaría, apuntes tomados de una meditación, 19-III-1968. Citado en J. Echevarría, Vivir la Santa Misa, Rialp, Madrid 2010, p. 17.
 
[10] San Josemaría, apuntes de la predicación, 27-V-1962.
 
[11] San Josemaría, Cartas 3, n. 4.

Se llama Rezar en el metro y nació como un podcast. Este archivo de audio contenía sólo una predicación pero en poco más de un año y sin publicidad fue descargado doscientas mil veces. Gracias a este éxito su creador lo convirtió en una aplicación más completa que incluye a otros autores y más temas.

El pasado cinco de octubre ISSA, School of Management Assistant de la Universidad de Navarra, celebró su cincuenta aniversario. Una institución impulsada directamente por San Josemaría que ha sabido adaptarse a los tiempos conservando a la vez su espíritu de servicio a las empresas y a la sociedad.

Rome Reports

En 1983 Juan Pablo II promovió un documento sobre el papel de la familia en la sociedad actual. Después de meses de trabajo, la  Carta de los Derechos de la Familia  vio la luz.
El Pontificio Consejo para la Familia quiere celebrar los 30 años de la Carta de los derechos de la Familia centrándose en el papel de la mujer hoy.

Una historia preciosa, que termina de forma sorprendente, y que culmina con la interpretación al piano de la canción más emotiva: aquella que más les gusta a los hijos de Andrea Bocelli. Una canción alegre, que habla de felicidad, y que está dedicada a todos aquellos niños a los que les hubiera gustado nacer.

Ediciones Rialp ha publicado "Los cerezos en flor. Relatos sobre la expansión del Opus Dei en Japón ", un libro que recoge un conjunto de relatos inolvidables. Una bonza budista evoca el terremoto que asoló Japón; un escultor que trabaja en la Sagrada Familia cuenta la historia de su conversión; una conocida poetisa de haiku habla de la cultura japonesa… Periodistas, músicos, deportistas, educadores… personas de los perfiles más diversos –cristianos y no cristianos– ofrecen una visión fascinante de Japón, de la aventura de la fe, de los comienzos del cristianismo y del desarrollo del Opus Dei en la Tierra del Sol Naciente.

Leer en la página web del Opus Dei .

Harambee ha decidido unir las fuerzas del deporte y la música y ha firmado un acuerdo de colaboración con el Atlético de Madrid. El primer hito del acuerdo no ha sido un partido de fútbol sino un concierto benéfico -el pasado 2 de febrero en Madrid- “A Team for the world, África”, dirigido por Inma Shara.

“La República del Raval" , de Josep Masabeu, acaba de presentarse en Madrid. El libro recoge la experiencia de 47 conversaciones sobre inmigración, con 223 participantes distintos, “de manera que Braval se ha convertido en un centro de reflexión sobre la Inmigración”. El prólogo lo escribe Núria Gispert, ex presidenta de Cáritas en España.

Por su especial interés, recomendamos visitar el mapa interactivo de algunas labores sociales que personas del Opus Dei, junto con más gente, ha promovido en diferentes partes del mundo. Se han agrupado cerca de 50 entidades diferentes, distruidas en los cinco continentes. En cada una de ellas se puede leer una breve explicación, enlazar con su página web, y en algunos casos ver un video explicativo de esa labor. Pensamos que vale la pena dedicar unos minutos a "viajar" por este mapa.

Con ocasión de las recientes declaraciones del científico Stephen Hawking, el catedrático de Fisica Fernando Sols, pide no frivolizar ni caer en argumentos simplistas.

En Barcelona, unas cien voluntarias ayudan a las niñas del Raval a llegar algún día a la universidad

El Adviento es un momento para esperar. Pero no es una espera inactiva, sino que se trata de un tiempo de preparación. Ofrecemos algunos recursos para la oración personal.

 

Se acaba de conceder el Premio Harambee 2010. La ganadora, Frankie Gikandi, directora del centro de formación Kimlea, que ayuda a la promoción e igualdad de la mujer africana.

J. Navarro-Valls: Tengo 73 años. Nací en Cartagena y vivo en Roma. Soltero. Doctor en Psiquiatría y licenciado en Periodismo. Presido un comité asesor de la facultad de Medicina de Roma. Hoy no se sabe quién es el ser humano, pero se legisla sobre él. Me considero un ser creado.

Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que “Dios les coja confesados”.

El embajador de España ante la Santa Sede afirmó este viernes en Radio Nacional que el Pontificado de Benedicto XVI ha sido "muy importante",

«No se puede resolver el flagelo del sida con la distribución de preservativos: al contrario, el riesgo que se corre es el de aumentar el problema», fueron las palabras del Papa en Camerún. Y, a pesar de las últimas críticas, es una opinión avalada por los científicos.

“El trabajo es un acto de culto a Dios y de servicio a la humanidad”. El Prelado del Opus Dei estuvo en Bilbao el pasado viernes y sábado. Participó en un congreso y mantuvo varios encuentros con fieles del Opus Dei, cooperadores y amigos.

En calidad de Gran Canciller de la Universidad de Navarra, a la cual pertenece el IESE, Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, presidió este viernes la apertura del Simposio Internacional "Ethics, Business and Society".

18 de mayo de 2008

La investigación biomédica con óvulos ha quedado "desfasada", según una catedrática de Bioquímica.

Existe una juventud, callada y casi invisible, creativa y constructora, que marcará el ritmo. La incipiente población joven de este siglo XXI es, y aún más será, protagonista activa de la sociedad futura.

El vicario del Opus Dei en Valencia, Pablo Cabellos, repasa el significado de la libertad desde el punto de vista religioso en un artículo publicado en "Las Provincias" de Valencia.

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