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“Desde mi niñez he sido creyente, aunque no practicaba mi fe católica. Por la iglesia me asomaba solamente cuando me enfrentaba a alguna especial dificultad de mi vida, cuando no me sentía todopoderosa,… entonces me acordaba de que allí podía pedir ayuda.

Me parecía que Dios estaba en algún lejano lugar… pero rezar el Rosario o asistir regularmente a Misa, me parecía adecuado para personas de muy avanzada edad…; pensaba que para los jóvenes no estaba de moda ir a la iglesia o hablar sobre Dios.

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Me consideraba católica, aunque en realidad no sabía lo que era: realmente, sabía muy poco sobre la fe católica, y nuestros compromisos como bautizados, no sabía qué espera el Señor de nosotros ya jóvenes o menos jóvenes.

Oí hablar sobre el Opus Dei por primera vez a mi marido Paulius. Hace seis años, antes de casarnos, él me habló de esta institución, de su actividad de catequesis por todo el mundo y de su fundador, San Josemaría Escrivá de Balaguer.

Reconozco que mi primera reacción al saber que el chico que me gustaba era supernumerario del Opus Dei fue de miedo, miedo por ignorancia. A pesar de eso, la sinceridad y naturalidad de Paulius difuminó mi temor. Ahora soy muy feliz y le agradezco a Dios que haya podido conocer a una persona así.

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Cuando comprendí que el trabajo más importante de mi día es mi encuentro con Dios, me di cuenta que ordenando bien mi día y haciendo en primer lugar las cosas importantes, aprovecho más el tiempo.

Mi esposo ha sido para mí siempre un ejemplo de buen cristiano. Sus esfuerzos diarios para encontrar tiempo para Dios, para la oración, para la Santa Misa, sin importar dónde estuviéramos, me dejaron una huella profunda.

Además este buen ejemplo me creaba a mí misma un montón de preguntas: ¿Cómo es mi relación con Dios? ¿qué lugar ocupa en mi vida? Por supuesto, a veces me tranquilizaba rápidamente pensando que no me hacía falta profundizar en esas cuestiones, que no tenía tiempo para ello.

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Sin embargo ahora sé que al principio no tenía mucho interés en encontrar ese tiempo. Lo más importante es discernir cuál es nuestro último fin en la tierra, y pensar que lo demás son simples medios para alcanzar ese fin.

En enero cumplí un año como cooperadora del Opus Dei.

Y estoy muy contenta. La Obra me ayuda a contar con los conocimientos necesarios de la fe católica y con los consejos prácticos para crecer en vida interior. Me ayuda a comprender que a Dios lo podemos encontrar en cualquier circunstancia de la vida corriente, pero que lo más importante es buscarle”.

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